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River terminó el año desdibujado, con un Demichelis errático: qué opinan en Núñez del futuro del DT

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La celebración por el quinto aniversario de la final de Madrid no tuvo continuidad de festejos en Córdoba. En el Mario Kempes, River fue eliminado de la Copa de la Liga tras caer en los penales con Rosario Central y no pudo llegar a la definición del certamen para ir por otro título. La caída le genera nuevos costos a Martín Demichelis, que sigue perdiendo crédito del capital que había conseguido en la primera parte del año. “Estoy muy dolido”, confesó el entrenador.

De todos modos, la continuidad de Micho en River no corre riesgo. Los dirigentes lo respaldan, tanto públicamente, como en los pasillos del Monumental. Además de confiar en Demichelis y de planificar el próximo año con él en el banco de suplentes, la política de la dirigencia Millonaria es respetar los contratos de los entrenadores. “Pase lo que pase, seguirá siendo el técnico de River. No hay dudas”, afirmó un importante directivo antes de que comenzaran los Playoffs de la Copa de la Liga. Y se lo ratificó a Clarín en la madrugada de este domingo.

Las dudas que puedan generarse por los cuestionamientos de la performance de River son más externas que internas. Y el propio Demichelis lo sabe. “Si me lo preguntan ya dos de ustedes (periodistas) en cinco minutos, seguramente es porque está eso instalado. Pero no me subí al escalón del éxito cuando habíamos ganado el primer torneo y no me confundí para perder mis ideales ni mi humildad ni raíces porque sé de dónde vengo. Soy feliz y lo seré hasta el último día que sea entrenador de River. Y me siento con entereza y fortaleza para agarrar el auto e ir al RiverCamp a ponerme al frente de los entrenamientos”, afirmó el técnico Millonario en la conferencia de prensa que dio en el Kempes tras la eliminación de su equipo.

Los jugadores de River, en el círculo central del Kempes, observando los penales. Foto: AFPLos jugadores de River, en el círculo central del Kempes, observando los penales. Foto: AFPDemichelis trató de mostrarse fuerte en su discurso, aunque su cuerpo exhibía algo diferente. Es que al técnico de River se lo vio golpeado por la derrota, y hubo pasajes en su alocución en los que estuvo nervioso y hasta confuso. Incluso, hasta mencionó un par de veces a Diego Simeone (una de ellas para citarlo), que puede ser un entrenador reconocido mundialmente, pero a gran parte de los riverplatenses les genera irritación escuchar ese nombre y apellido porque si bien en 2008 fue campeón, al siguiente torneo terminó último y fue la campaña que inició la debacle que culminó con la pérdida de la categoría en 2011.

Al margen de esa cuestión, que puede ser mínima, la preocupación es por lo que le viene ocurriendo a River, que tras haber sido campeón de la Liga en julio, el nivel de juego fue involucionando cada vez más. Y si bien, le tocó “la transición más difícil de la historia”, como él mismo dijo, tras reemplazar a Marcelo Gallardo, Demichelis tiene una gran cuota de responsabilidad en no haber podido reconstruir a lo largo del segundo semestre un equipo con garantías, confianza y convencimiento. Y eso que venía de ser campeón.

Ante Rosario Central, cambió cuatro jugadores y esquema y el juego mejoró. Incluso, el sistema táctico fue más afín a su idea, la que le costó implementar durante este año. Que recién lo haya podido hacer a dos partidos de culminar la temporada, es, evidentemente, un síntoma de los problemas que tuvo desde agosto a la actualidad, sobre todo con el manejo de grupo.

A los jugadores les dio el equipo recién antes de salir del hotel para ir rumbo al Kempes. Buscó el efecto sorpresa. Y la propuesta inicial (con cuatro defensores, tres volantes y tres delanteros, uno de ellos, Colidio, flotando) le salió bien en el primer tiempo, en el que River fue superior y solo le faltó el gol.

Foto: Juan José GarcíaFoto: Juan José GarcíaSin embargo, cuando metió mano con los cambios en el segundo tiempo para corregir el rumbo del partido, que ya se había equiparado, volvió a faltarle muñeca. Y pasó a jugar con muchos volantes y un solo delantero (Colidio). Al revés de lo que hacía habitualmente, que iniciaba con varios mediocampistas y si las cosas no iban bien, terminaba con más atacantes en cancha y un medio despoblado.

Esos desequilibrios acarrean al equipo a una pérdida identitaria, por más que Demichelis no lo admita y afirme que “la identidad no se ve hoy porque no ganamos, pero sí que la tenemos«.

De todos modos, la responsabilidad de este duro golpe no es exclusiva de Demichelis. Los jugadores también tienen la suya, sobre todo por la falta de concreción durante el partido y, fundamentalmente por la liviandad a la hora de patear los cuatro penales ejecutados, ninguno convertido.

No sé si había pasado de errar los cuatro en una tanda, consecutivos. Es fútbol. Y atajó muy bien el arquero de Central. Los penales son una parte de la definición. Nuestros entrenamientos finalizan con centros, remates, penales también. Pero la escenografía de una práctica, por más que pateen 10 penales a la semana, no tiene nada que ver con la definición en un partido”, manifestó Micho.

Eso sí, llamó la atención que, de acuerdo a lo que trascendió en el Kempes, que la lista de los ejecutantes no estuviera armada o parcialmente confeccionada de antemano. Más teniendo en cuenta el karma de River con los penales, que ya lo habían dejado afuera de la Copa Libertadores este año. Igualmente, nada es determinante en el fútbol.

De cara al 2024, Demichelis piensa en una reestructuración del plantel para evitar la abundancia y la superpoblación de jugadores en algunos puestos, aspectos que, evidentemente lo complicaron por demás al ex defensor.

De todas maneras, el 2023 todavía no terminó. Y a River le queda un partido en el que habrá en juego un título. Sí, otro mano a mano, la deuda que por ahora tiene este ciclo. Será el viernes 22 ante el ganador de la Copa de la Liga -Platense o Rosario Central-, para definir el Trofeo de Campeones. Y Demichelis buscará cerrar el año con una sonrisa. Es que, por más que su continuidad no esté en riesgo, dos golpes en 15 días le dejarían marcas difíciles de ocultar.

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