Manolo Santana, el pionero del tenis español que abrió la puerta del éxito a las generaciones posteriores

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Rafael Nadal llevó su rendimiento tenístico hasta límites inimaginables, convirtiéndose en uno de los más grandes jugadores de todos los tiempos. Y acaso, junto a Miguel Induráin, en los mejores deportistas de la historia española (en un país que tantos fenómenos deportivos produjo en las últimas décadas). Pero si en el tenis Nadal es el grande y el famoso, Manuel Santana es el pionero. Y lo pudo disfrutar, verlo crecer y admirar. Cuando “Manolo” -muerto este sábado 11 de diciembre- ganó el primero de sus dos títulos en el Campeonato Abierto de Francia, en Roland Garros (1961), los diarios españoles le dedicaron apenas un recuadro. El tenis era un deporte que ni figuraba entre los más populares de esos tiempos de apogeo franquista. Recién cuando vencieron a Estados Unidos por la Copa Davis (Barcelona, 1965) el tenis prendió entre la gente. Y hasta el propio Franco le prestó atención, enviando un telegrama desde el buque Azor: “Desde la mar, donde hemos asistido a la grandiosa victoria del equipo español, les envío la felicitación”.

Vencedor en dos oportunidades de Roland Garros (1961 y 1964) -y en ambas sobre su amigo, el gran tenista italiano Nicola Pietrángeli- y otra del Abierto de Estados Unidos que se jugaba en las canchas de Forest Hills (1965), Santana alcanzó la cumbre de su campaña al proclamarse como el primer español campeón de Wimbledon, en 1966, derrotando en la final al estadounidense Dennis Ralston. Condujo a España a la final de la Copa Davis del 65, después del citado triunfo sobre los estadounidenses, pero se toparon como visitantes con aquella imbatible formación australiana de Roy Emerson, Fred Stolle, John Newcombe, Tony Roche. Y lo mismo sucedió dos años más tarde. Santana, no obstante, ha quedado como uno de los tenistas más exitosos en el historial de la Davis, donde representó a España durante quince años (1958 a 1975), ganando 69 partidos individuales y 23 en dobles (con 17 caídas en singles y 11 en dobles).

Santana había nacido el 10 de mayo de 1938 en una zona humilde de Madrid, en Chamerí. Su padre, quien trabajaba en la Compañía Municipal de Transportes y tenía alguna actividad sindical, fue represaliado por el franquismo después de la Guerra Civil. “Vivió muy poco, después -contó Santana- la cárcel lo había consumido. Yo le ayudaba como aprendiz, en el trabajo”. A la muerte de su padre, Santana tuvo un toque de suerte: una familia acomodada, los Romero Girón, lo ayudaron y lo colocaron como “ball boy” en el Club Velázquez donde, además, algún entrenador le vio condiciones de buen jugador. Y fue creciendo técnicamente, sobre todo con un talento especial para el juego en canchas de polvo de ladrillo.

Manolo Santana con Rafa Nadal y Andy Murray. (AP)

Sobre esa superficie fue uno de los nombres dominantes de la década del 60, aunque hay que recordar que allí el circuito profesional (más chico) se había llevado algunos nombres relevantes. Eso no le quita mérito alguno a sus títulos de Grand Slam, entre los que resalta el Wimbledon del 66 con aquella final por 6-4, 11-9 y 6-4 sobre Ralston, un hombre que mucho después sería entrenador (efímero) de nuestra Gaby Sabatini.

“Yo había desarrollado mi campaña en polvo de ladrillo y había ganado casi todo. Pero me propuse vencer en Wimbledon, que era un terreno casi exclusivo de los anglosajones. Por eso, resigné torneos en canchas lentas y entrené fuerte sobre césped”, contó. Su mayor recuerdo de aquella final es que “fui en el metro, desde la Estación Gloucester. Iba solo, cargando mi bolso y mis raquetas. Y también quedé muy impresionado por el court central, lleno, con ese sentimiento tan especial que tienen los británicos por el torneo. Había soñado desde chico con ese momento”. Santana se proclamó ante el mismo Ralston que, semanas antes, no le había concedido ni un set en la final de Queen’s… “Jugaba con una raqueta Slazenger de madera, las canchas no eran tan rápidas y se podía ir más a la red. Ganar allí fue mi mayor orgullo, es imposible describir lo que se siente”.

Desde entonces, y aunque fijó residencia desde el 2000 en Marbella, Santana hizo de Wimbledon “su lugar en el mundo”, hasta que celebró allí uno de sus cuatro matrimonios. Fue un invitado especial al palco presidencial, en cada edición, y partícipe en todas las galas de ese sitio exclusivo. Sin embargo, en la cancha, no pudo disfrutar tanto de su reinado: al salir a defender su corona, en la primera vuelta del 67, el puertorriqueño Charlie Passarell lo eliminó en cuatro sets…

Manolo Santana como director del Abierto de Madrid. (AFP)

Con distintos apoyos pudo desarrollar su campaña en tiempos del tenis amateur. “Lo que tenía, apenas me alcanzaba para viajar, no disponía de un entrenador ni de un séquito como sucede con los tenistas actuales”, contaba. Cuando su deporte se abrió al profesionalismo, Santana ya estaba cerca del retiro, que finalmente concretó en 1973. Desde entonces, recibió todos los homenajes (desde el Hall de la Fama hasta el premio Phillipe Chatrier), fue director de grandes eventos como el Open de Madrid (hasta el 2018) y entre 1981 y 2000 se desempeñó en numerosas series como capitán del equipo español de Copa Davis.

La España tenística que continuó con los triunfos de Gimeno, Orantes e Higueras primero, Bruguera y Ferrero más adelante, y luego la generación liderada por el gran Nadal, le rindió siempre tributo a Manolo Santana. El pionero. Un caballero de las pistas, uno de los personajes más queridos en todo el ambiente tenístico en el mundo entero.

El tenis en la España de Franco

Cuando el tenis empezó a ganar popularidad en España por el triunfo del 65 en la Davis, el dictador Franco le concedió a Santana la Orden de Isabel La Católica. Y para eso, pidió que jugara una exhibición en una cancha del Palacio del Pardo junto a su compañero de Copa Davis, José Luis Arrilla. Algunos de los amenuences del Caudillo le avisaron que el padre de Santana había sido uno de los miles represaliados después de la Guerra Civil. Y por eso -¿acaso como disculpas?- al entregarle la distinción le hizo este comentario: “En la guerra, a veces pagan justos por pecadores”. Manolo Santana, a lo largo de su notable campaña deportiva, nunca hizo alusión al tema, pero tampoco le rindió pleitesía a los poderosos de turno.

Santana también hizo historia en suelo argentino

Manolo Santana murió este sábado a los 83 años. EFE/Juanjo Martín

Dos de los más grandes partidos en el historial del tenis en nuestro país tuvieron a Santana como protagonista. Fueron las finales del Campeonato de la República -el más tradicional de nuestro medio, que también abarcaba el llamado “Campeonato Sudamericano”– en 1959 y 1960, con el español ante uno de sus clásicos rivales, el chileno “Lucho” Ayala.

Después de batir al británico William “Billy” Knight por una de las semifinales, en cinco sets, en aquel noviembre de 1959 Santana enfrentó a Ayala en un durísimo partido y le ganó por 6-2, 7-5, 2-6 y 9-97.

El encuentro también se recuerda porque Ayala, en una actitud poco usual, se negó a darle la mano al español al terminar el partido, lo que le causó a Manolo una profunda tristeza.

Un año más tarde volvieron a encontrarse en el mismo court y en la misma circunstancia y esta vez Ayala -quien había sido convocado por Jack Kramer para la “troupe” profesional con base en Estados Unidos- consiguió ganar ajustadamente: 6-8, 3-6, 6-3, 7-5 y 8-6. Santana tuvo que conformarse con el título de dobles junto a su compatriota José Luis Arilla, a quien había doblegado en la semifinal individual.

Según recuerda Eduardo Puppo, aquella finalísima del 60 entre Santana y Ayala, también estuvo a punto de quedar para el español. “Tuvo una ventaja de 4-2 y luego 5-4 y 30-0 en el cuarto set, que no pudo rematar”, apunta. Ayala consiguió llevar el partido a un quinto set donde se adelantó 2-1 cuando un temporal obligó a la suspensión. Reanudaron una hora más tarde y cuando Ayala se adelantó 7-6, estaba 15-30 en el game siguiente (no existía el tie-break, que llegaría una década más tarde) y Santana se acalambró. Con gran espíritu deportivo siguió en competencia, pero ya sin chance y el chileno liquidó el juego.

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