Midieron el impacto de la pandemia sobre la conciencia ambiental en el mundo: qué pasó en Argentina

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La pandemia nos hizo repensar nuestra relación con la naturaleza. Ya no podemos entender a los ecosistemas como algo separado de la humanidad. La sociedad se sensibilizó y tomó mayor conciencia sobre la problemática ambiental porque empezó a ver ejemplos concretos del impacto de nuestras acciones.

Así lo demuestra un estudio fundacional global que lanzó el equipo de Sustainable Transformation de Kantar Insights por el que entrevistaron a más de 30.000 consumidores de 35 países, incluida Argentina.

El objetivo principal fue identificar los temas ambientales y sociales que más les preocupan a las personas y cómo estos se vieron modificados en el último tiempo.

El análisis parte del marco de referencia de los objetivos de desarrollo sustentable (ODSs) de Naciones Unidas. Delimita cuáles son las áreas que requieren acción inmediata y qué desafíos tienen las empresas para facilitarles a los consumidores la decisión de compras sustentables.

“El estudio surgió a partir de la creciente preocupación que mostraban las personas por los problemas ambientales y globales a nivel global. En el año de Conferencias de las Partes sobre el Cambio Climático (COP26), queríamos mapear cuales eran las preocupaciones relacionadas a los Objetivos de Desarrollo Sustentable que había planteado Naciones Unidas”, le explica a Clarín Sebastián Corzo, director de marketing de Kantar .

Encuesta de Kantar sobre sensibilización en cuidado ambiental a partir de la pandemia.

De hecho, los problemas de sustentabilidad no se limitan al medioambiente. En Argentina, cuestiones sociales como la pobreza y el hambre encabezan la lista de preocupaciones. En segundo término, inquieta la contaminación del agua y la falta de acceso a ella (limpia y segura), según se observa en la investigación a la que accedió este medio.

“La pandemia nos recordó que, a fin de cuentas, somos parte de la naturaleza, y que seguimos sometidos a sus reglas. Además, se correlaciona con una creciente preocupación en la opinión pública mundial porque se aborden los problemas ambientales en forma seria y eficaz”, observa Claudio Lutzky, abogado especializado en Cambio Climático y director del Posgrado en Derecho de la Universidad de Buenos Aires (UBA).

Algunas conclusiones relevantes

“Obtuvimos múltiples conclusiones. En Argentina, corroboramos que los problemas sociales preocupan más que los ambientales, y eso es distinto a lo que sucede en países más desarrollados como los europeos”, puntualiza Corzo.

El estudio revela que la preocupación sobre los problemas ambientales se incrementó a partir del Covid. Para el 62% son igual de importantes que antes, el 18% considera que cobraron mayor relevancia, el 13% piensa que son menos significantes que antes y el 7% dice que no son prioritarios.

Encuesta de Kantar sobre sensibilización en cuidado ambiental a partir de la pandemia.

En tanto que, el 59% de los argentinos se vio personalmente afectado por problemas ambientales, tales como eventos meteorológicos extremos (como sequías e inundaciones).

Para Gastón Tenembaum, miembro de “Jóvenes por el Clima”, la problemática ambiental más importante es el cambio climático. “Genera que todos los problemas existentes se hagan más grandes. Por ejemplo, trae más sequías e inundaciones lo que dificulta la producción de alimentos; el calentamiento global hace que suba el nivel del mar y se inunde parte del territorio habitable, complicando las políticas habitacionales y la tropicalización del centro del país trae aparejada enfermedades infecciosas, como el dengue”, le explica a Clarín.

Gastón Tenembaum, activista de Jóvenes por el Clima

“Creo que el cambio climático tiene que ser una de las grandes batallas que afrontemos como humanidad en este siglo”, enfatiza.

La grieta entre valores y acciones

La sustentabilidad se transformó en un imperativo de los negocios y en una oportunidad de diferenciación: hay que pensar en ganar, no sólo en no perder.

En este marco, el 58% de los consumidores asegura que quiere hacer más por el planeta y el medio ambiente, pero que no lo consiguen porque interfieren las prioridades del día a día. Hay una grieta entre valores y acciones.

“Esto significa que no siempre la toma de conciencia se traduce en acciones concretas. Las personas están más dispuestas a hacer cosas sencillas que impacten en su vida cotidiana, como separar los residuos reciclables de los orgánicos en su hogar o llevar sus bolsas al supermercado”, aclara Corzo.

Encuesta de Kantar sobre sensibilización en cuidado ambiental a partir de la pandemia.

El estudio confirma que los consumidores hoy son más concientes y creen que pueden empezar a cambiar las cosas. El problema es que, al momento de tomar decisiones de compra sustentables, se encuentran con diversas barreras como el precio (los productos sustentables suelen ser más caros) o la falta de información.

En este sentido, el 78% de las personas cree que las empresas no hacen lo suficiente para cuidar el medio ambiente, y empiezan a exigir respuestas concretas. Es que las compañías tienen un rol fundamental para ayudar a cerrar la grieta entre las buenas intenciones y las acciones concretas.

Encuesta de Kantar sobre sensibilización en cuidado ambiental a partir de la pandemia.

Viralización

“Hay un efecto contagio: cuando una persona ve que un amigo o familiar empieza a ir en bici a la oficina, o tienen una compostera en el balcón, o lleva sus propias bolsas al supermercado, le dan ganas de subirse a esa tendencia”, observa Corzo.

En este escenario, Tenembaum razona que las acciones individuales son importantes, pero que también hay responsabilidad en el sector público y privado.

“El consumidor responsable es quien toma conciencia de sus actos y busca mejorarlos, intenta aportar y cambiar lo que pueda desde su lugar. Por ejemplo, hay que exigirles a las empresas reconversiones en sus estructuras productivas para que generen menos residuos”.

La investigación también diferencia diferentes niveles de consumidores. Hay un 30% denominado los ”Actives” que están muy involucrados con la temática y lograron pasar a la acción. En el otro extremo, un 15% de “Descreídos” a quienes no les importa el tema. Pero, en el medio hay un 55% de personas que empiezan a interesarse, quieren hacer algo pero no saben cómo o no pueden.

“Las empresas tienen que focalizarse en este grupo mayoritario, acercando opciones sustentables y facilitando la decisión. Repensar los procesos productivos y las fuentes de energía puede no sólo mitigar el efecto de nuestras acciones, sino que llevarnos a descubrir oportunidades de desarrollo comercial”, analiza Corzo.

Sabe que la conciencia sustentable llegó para quedarse. Pero todavía falta dar el paso fundamental: traducir las buenas intenciones en acciones concretas y beneficiosas para todos.

MG

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