La gran renuncia: los argentinos que cambiaron de trabajo porque no quieren volver a su vida prepandemia

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En Estados Unidos la gente está renunciando en manada. En tiempos de “casi” pos pandemia, sería en rebaño. Sea como fuere -y de que allá 20 millones de personas dejaron sus puestos porque quisieron, no porque los echaran- el fenómeno es global.

Enormes grupos alrededor del mundo se fueron de sus trabajos o están planeando hacerlo. Y tiene un título: “The Great Resignation“. Así lo llaman los medios internacionales. La Gran Renunciase pierde en la traducción acá.

¿Quién es ese rebaño? Uno que se conformó durante (o después de) la crisis del coronavirus. Decidieron no retomar sus vidas “anteriores” en el ámbito laboral. Aunque parezca que no pasa en una Argentina donde es más la gente que quedó desocupada que la que viró el rumbo, estos vientos de cambio también nos mueven.

Algo se modificó para siempre en el mundo del trabajo, sobre todo corporativo. Resuenan palabras como “incentivar”, para “retener” al afamado “talento”, que está más escurridizo que nunca. Del lado de quienes trabajan, dicen “inflación”, “hartazgo” o “calidad de vida”.

Está más marcado en las grandes empresas del país pero también pasa en las y los empleados que no transitan por un molinete, que son autónomos y los que ni siquiera son monotributistas.

Si se está en la posición de hacerlo, claro, el norte fue cambiar de trabajo en el mismo rubro pero por un mejor salario o dar un giro rotundo hacia algo que consideran, simplemente, “mejor”. Llámese beneficios, horarios, cercanía

El término La Gran Renuncia -que parece una película de Di Caprio- es del académico estadounidense Anthony Klotz. En una entrevista en Bloomberg había anticipado “la ola de renuncias mundial pos pandemia”. ¿Es el Nostradamus de los Recursos Humanos?

En el Reino Unido esta semana las empresas más grandes dijeron al gobierno británico que están atravesando una crisis de staff. Y que eso está afectando sus operaciones. En nuestro país las compañías se quejan con el Ejecutivo de muchas otras cosas antes que de esto. Pero está pasando igual.

Julieta Falcone renunció a su trabajo estable para buscar una mayor flexibilidad de horarios y aprovechar la capacitación constante.

Miremos más acá. A Julieta Falcone. Tiene 40 años, trabajó 17 en otra compañía y en la pandemia decidió pegar ese volantazo laboral que parece tan importado y que en realidad también se ve en su historia porteña en Balvanera.

“Empecé a darme cuenta de que necesitaba un cambio para seguir desarrollándome profesionalmente y para mejorar mi calidad de vida en general“, cuenta. En marzo de este año, empezó a buscar “algo mejor”.

“Vi que había muchas oportunidades disponibles en mi rubro, recursos humanos, en multinacionales. Apenas me contaron la propuesta me interesó tanto por la posición como por la puesta en valor que ofrecen. La acepté y llegó el ok para ingresar el 4 de agosto. Estoy convencida de que el cambio fue super positivo”, detalla Julieta, que ahora trabaja desde su casa. 

¿Qué la llevó a renunciar a su vida laboral prepandemia? “Puedo crecer profesionalmente, sin límites, en carrera y conocimientos, con la posibilidad de aprender todo el tiempo”. Pero no es sólo eso.

“Son flexibles con el home office, lo vivo a diario. Me organizo con los horarios de mi hijo y de mi casa, con la facultad”, dice Julieta, que está estudiando Comunicación en la UBA.

El 95% de los empleados a nivel mundial piensa cambiar de trabajo y el 92% de profesión. Así lo determina un nuevo estudio global de Accenture al que Clarín accedió en exclusiva. El cambio cultural en las empresas es hoy más importante que nunca: cumple un rol fundamental para generar lealtad entre las y los colaboradores.

Esto importa porque el 75% dijo que experimentó agotamiento en el trabajo y la mayoría está abierta a cambiarlo sobre todo si logra encontrar un mayor balance entre la vida profesional y personal.

“Los empleados deben ser socios en la transformación cultural de sus empresas, pero muchos no lo son. La falta de participación lleva a niveles de compromiso críticamente bajos. Un tercio de los profesionales más cercanos a la dirección ejecutiva se resiste al cambio, así como casi una cuarta parte de los mandos intermedios. Si los que están en primera línea -directores generales, vicepresidentes senior o gerentes de planta- no están de acuerdo con la misión, es poco probable que tenga éxito“, explica a este diario Alejandra Ferraro, líder de Recursos Humanos de Accenture Hispanoamérica.

Los “renunciadores” argentinos​

Sin llegar a ser el fenómeno de los YOLOs en EE.UU. (you only live once o “sólo se vive una vez”, por quienes renuncian en busca de una aventura pospandémica), desde la consultora Randstad dicen que lo que se ve en el país es que hay un antes y un después en el segmento de profesionales jóvenes con alta calificación, donde hay pleno empleo, en relación a ese balance entre trabajo y vida.

Si la empresa en la que venían trabajando hoy les pide volver cinco días a la oficina, eso puede disparar que opten por cambiar de trabajo. Están también los que en la pandemia salieron de las grandes ciudades y volvieron a sus lugares de origen (el interior) o los que eligieron irse a vivir a la Costa, a Bariloche o a otros lugares icónicos de la Patagonia.

“La pandemia fue también disruptiva en las relaciones laborales y la valoración que hacen los trabajadores de la flexibilidad y principalmente de los arreglos de trabajo remoto, porque hay una priorización sobre la calidad de vida”, dice a Clarín Alejandro Servide, director de Professionals y RPO de Randstad Argentina.

En tecnología, comunicaciones o comercio electrónico, cuentan con la ventaja de poder negociar mejores condiciones laborales. Pero en la construcción y en la gastronomía, en los puestos calificados, también hay renuncias.

Servide habla de situaciones en donde, a mismas oportunidades, entre esquemas mixtos o totalmente virtuales, optan por lo segundo aunque tengan que rescindir parte de su salario bruto. “Nos encontramos con crecimiento de más de 30% de candidatos postulados a nuestras oportunidades laborales por este tema puntualmente. Vemos que muchos profesionales de los segmentos de alta calificación, principalmente los más jóvenes, comienzan a hacer valer sus expectativas de flexibilidad“, marca.

Juan es ingeniero en software, trabaja 100% home office (y outdoor cuando amerita el clima) en Posadas para una empresa de Mendoza.

Juan Bacarat tiene 36 años, es de Posadas y “un renunciador” de la industria tech. “La pandemia aceleró lo que deseábamos hace años: trabajar 100% remoto, tener comodidad, mejores herramientas de comunicación”, dice a Clarín. No conoce las oficinas de su nuevo trabajo. No es necesario. Ya no tiene que lidiar con el tráfico de Misiones y trabaja para una empresa en Mendoza.

Le ofrecieron un salario mejor, sí. Pero renunció por los beneficios. “No cumplían mis expectativas de crecimiento personal, ni laboral. Y tampoco tenía el beneficio de la virtualidad, como estamos acostumbrados en la industria IT”, dice.

Enumerar los porqué del cambio. “1-Tener la comodidad de estar en mi casa. 2-Compartir el almuerzo con mi familia. 3-Más tiempo con mis hijas”. Ese es el combo “agrandado” que ofrece La Gran Renuncia.

Más del 50 % de los talentos altamente calificados en Argentina hoy optan por esquemas híbridos, donde el trabajo por objetivos les permite no sólo salir a correr una mañana sino seguir capacitándose en un sector competitivo, con tanto flujo de colaboradores de una empresa a otra. 

Patricio Dewey, director de Comercial & Marketing de Adecco Argentina y Uruguay, habla de “tensiones”, entre entre el modo en que los empleados desean trabajar después de la pandemia y lo que esperan que las empresas permitan.

“A pesar del trabajo híbrido, para algunos lo ideal es pasar la mitad del tiempo en la oficina – desean reencontrarse con sus compañeros –, pero temen que esperen que trabajen in situ aún más tiempo. Otros, los que están a favor de mantener el trabajo remoto, sienten inquietud ante la perspectiva de volver: desean mantener las ventajas y controlar su horario laboral”, dice.

El trampolín de la pandemia

“Estamos llegando a un fin de año que tuvo ’24 meses’. Estresante, larguísimo y sobre todo dinámico. Para muchos fue caos, crisis y sufrimiento. Y si bien creo que para nadie fue cómodo, hubo quienes usaron la situación como trampolín para saltar a una nueva vida“, aporta Fernando Hindi, director en Grow Consultora y especialista en “coaching para el bienvivir”.

Si bien es coach de quienes trabajan en el ámbito corporativo y buscaron nuevos rumbos, aclara que la necesidad de “renunciamiento” es general.

“Todos los rubros necesitaron adaptarse a un mundo entre lo presencial y virtual, que requiere una mayor sensibilidad para ‘escuchar’ lo que la gente necesita. Esta agudeza despertó también la pregunta ‘¿Qué es lo que YO necesito?’. Obligados a una pausa y con tiempo para repensarnos, no son pocos los que patearon el tablero. Renunciaron a la seguridad de un trabajo en relación de dependencia que ya no aseguraba nada (o cada vez menos), para elegir empezar a vivir en serio en vez de en serie“, sigue.

En su último libro, “Historias para crecer” (Editorial Planeta), compartió relatos de quienes no solo reinventaron sus trabajos, sino a sí mismos.

“El cambio es desarrollar nuevas formas de hacer, pero también de ser. Cuando buscamos resultados sin precedentes, el índice de probabilidad es muy bajo. Sin darnos cuenta, confundimos esa improbabilidad con imposibilidad. Conectar con nuestro propósito nunca estuvo tan a la mano. Cuando nada es seguro, todo es posible y darles una oportunidad a nuestros sueños es quizás la mejor de las elecciones“, concluye.

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