Luis Juez: “No me preocupa tanto lo que hagan Cristina Kirchner y el kirchnerismo como nuestras propias cavilaciones”

0
71
luis-juez:-“no-me-preocupa-tanto-lo-que-hagan-cristina-kirchner-y-el-kirchnerismo-como-nuestras-propias-cavilaciones”

– Fue senador en pleno auge del kirchnerismo (2009-2015) y hoy vuelve a la Cámara Alta con Cristina Kirchner como vicepresidenta ¿Qué cambió?

– Evidentemente estoy condenado a ser senador con vicepresidentes jodidos. Antes (Amado) Boudou, ahora Cristina; ambos complicados en temas de honestidad y decencia. Hasta ahora estuve solo en la sesión de jura y puedo decir que la vicepresidenta es una mujer que inspira pánico, el silencio que se hizo cuando entró no era exceso de respeto. Pero yo no me veo amedrentado por una mujer que hace del autoritarismo un ejercicio permanente. No soy irrespetuoso pero a mí no me van a atropellar. No sé cuál será mi rol, pero no voy a ser parte de un elenco estable que acepta gustoso los designios de una persona, por más poder que tenga.

– ¿La pérdida de la mayoría propia cambia el funcionamiento del Senado o cree que con los aliados el oficialismo va a seguir dominando?

– Va a haber que trabajar todos los días. No nos podemos dormir ni ser ingenuos. Me enteré que en los dos años que Cristina preside el Senado hizo dos reuniones de labor parlamentaria. No maestra, se va a tener que sentar a discutir. Y a los nuestros les digo: ‘muchachos, la cosa cambió’. Hay que estar atentos, ser inteligentes dar cada pelea, porque estos tipos tienen muy claro donde van y lo que tienen que hacer. Si vamos a enfrenta al kirchnerismo es un trabajo de todos los días, las 24 horas.

– ¿Tienen tan claro a dónde van? Porque al oficialismo también se los ve dividido.

– No me preocupa tanto Cristina Kirchner y lo que haga el kirchnerismo como nuestras propias cavilaciones, nuestros propios egos y discusiones que son realmente por momentos de una irresponsabilidad manifiesta. La locura de Máximo el otro día nos salvó de un papelón. La prepotencia de este atrevido nos salvó porque había 40 posturas distintas respecto al Presupuesto. Pero ya los negros se colgaron del travesaño a festejar, y sin papel y lápiz para primero hacer un punteo llamaron a una sesión en la que no tuvimos quórum. Nos lo terminó dando el kirchnerismo que impuso su proyecto porque los nuestros no estaban. No, esa torpeza no nos puede pasar. La sociedad no la tolera, no podemos ser ingenuos. Entiendo que estamos en un proceso de construcción de nuevos liderazgos y que no hay uno claro ni concreto, pero no pueden gritar 11 tipos. Grita el técnico o el capitán.

– ¿Y cómo se resuelve hasta que se cristalice un líder? ¿Lo tiene que canalizar la Mesa Nacional de JxC ?

– Hay que tener un discurso ordenador, que es lo que falta. Y los que pretenden liderar van a tener que hacer un ejercicio de conducción que no es pegar cuatro gritos, sino juntar a los tipos y decir a dónde vamos. No enfrentás al kirchnerismo porque le ganaste una elección, lo enfrentás si tenés una idea, un modelo y autocrítica. Y esa Mesa tiene que dejar de ser la mesa del AMBA , sino que discutan solo temas metropolitanos.

– Tu compañero de boleta, Rodrigo De Loredo armó un segundo bloque radical en Diputados, ¿cómo vio esa división?

– Me pareció una pelea innecesaria e inoportuna, pero también me parece que los que tienen una veteranía en estas cosas podrían haber evitado que la sangre llegara al río y no lo hicieron.

– ¿Y la diputada cordobesa que estaba en Estados Unidos?

– No voy a justificar lo injustificable pero también hay una responsabilidad colectiva de las autoridades que convocan sin tener quórum. Porque si no pareciera que todo el tiempo el error del compañero de al lado a vos te favorece. Esto tiene que ser un equipo. Porque si vos son 7 y ves que al 2 lo pasan todos, el gol te lo meten a vos también.

– ¿De esos errores suyos se alimentan los libertarios Javier Milei y José Luis Espert?

– Tengo buena relación con José Luis y conozco a Javier. No tengo miedo al crecimiento de ellos, sino al desvanecimiento de los nuestros. La gente nos va a dar una oportunidad si entendemos por dónde pasa su nivel de angustia. Lo peor que nos puede pasar es que volvamos al poder porque el kirchnerismo es horrible y nada más. Porque va a pasar lo mismo que pasó con Macri: después volvió el kirchnerismo porque nuestra gestión fue mala, no porque ellos eran mejores. Entonces, podemos después debatir quién es menos malo pero no salimos de la mediocridad

– ¿No cree que se adelantan dando por sentado que ya son gobierno en 2023? 

– Sí, hay muchos que subestiman las capacidades del enemigo de reciclarse y reposicionarse. El kirchnerismo tiene una altísima capacidad de resiliencia y no les importan las formas porque ellos tienen un objetivo. Te guste o no, Cristina en estos tres años acumuló tres sobreseimientos, lograron que el FMI sacara un documento contra el préstamo a Macri.

– ¿Cómo ve la interna del oficialismo por el tema FMI?

– Cristina no quiere pagar el costo de arreglar con el fondo porque la juega de que es la izquierda peronista, esa mezcla de PJ reciclado con partido comunista, que es lo que nuclea el Instituto Patria y llevaron ese discurso de ‘ni un peso al FMI’ porque les permite sostener el discurso militante. Pero Alberto no va a hacer nada que ella no quiera.

– ¿Puede destacar algo positivo de la presidencia de Alberto Fernández?

– Ha mostrado una incapacidad manifiesta. Debe haber sido el peor presidente que tuvimos, y mirá que tuvimos malos… Pero debe ser, lejos, el peor. Por su hipocresía, cinismo, subordinación casi rayana con la servidumbre, conductas serviles ante Cristina que lo desmerecen. Nadie destrozó el valor de la palabra tan rápido y tan pronto como Alberto. 

– ¿Qué tiene que hacer la oposición con el el acuerdo con el Fondo? ¿Acompañar, o no? La deuda se creó durante la gestión de Cambiemos.

– No hemos tenido ningún borrador. El único fue ese Presupuesto absolutamente mamarracho que creo que los tipos no lo querían tener una excusa. Y hacen lo que les conviene, son pragmáticos. Si vienen con algo serio, inteligente y con un viso de realidad se puede discutir, pero se requiere un grado mínimo de seriedad y racionalidad.

– Algunos como el gobernador jujeño Gerardo Morales señalaron que es un error haber dejado al Gobierno sin Presupuesto.

– No fue un error. Entiendo que algunos tengan que hacer malabarismos y me hago el tonto, pero no fue un error. Si lo acompañábamos hoy seríamos copartícipes de un gran dibujo. ¿Qué vamos a decir cuando la inflación sea del 60 % y nosotros acompañamos la proyección del 33 % ?

– Le pueden decir que hubo presupuestos de Macri que proyectaron 13 % de inflación y terminaron arriba del 50%

– Bueno, pero tenemos que ser serios. Yo diría en ese caso que esos mamarrachos no los podemos volver a hacer.

– El PRO tiene una batalla en marcha entre Patricia Bullrich y Horacio Rodríguez Larreta por 2023. ¿Se inclina por alguno?

– Tenemos que recuperar Córdoba primero. No podemos tener dirigentes en Cambiemos que crean que lo mejor para la provincia es que Juan Schiaretti siga siendo gobernador, como pasó en 2015 y 2019. No podemos permitir que el peronismo siga gobernando una de las provincias más productivas del país después de un ciclo de 24 años años.

– Ese ciclo ciclo está en crisis porque Schiaretti no puede reelegir, José Manuel de la Sota no está más y no hay un sucesor claro..

– Por eso no podemos desperdiciar la oportunidad en discusiones, o disputas absurdas que nos saquen de eje. No hay que confiarse por el resultado que tuvimos que fue excepcional, con más de un millón de votos de diferencia, pero cada elección es distinta.

– El cierre de listas de Córdoba de la últiama elección fue feroz y casi les cuesta la unidad, ¿qué van a hacer de cara a 2023?

– Estoy dispuesto a aceptar la regla de juego que marquemos: ir a una interna, a las PASO, hacer una encuesta. Estoy dispuesto a respetar cualquier mecanismo de selección, pero no a dejarla pasarla en 2023. Es una oportunidad histórica.

– Macri jugó fuerte en Córdoba, incluso dijo que quería mudarse ahí. ¿Habla con él? ¿Qué rol va a ocupar? 

– Hablamos, nos mandamos mensajes. Para mí el tiene que aprovechar su condición de ex presidente para liderar de otra manera, desde el consejo, la sabiduría, la generosidad y la imparcialidad. Creo que debería ocupar ese sitial y evitar bajar al barro o tomar decisiones que lo involucren. No se me ocurre que un tipo después de ser Papa venga a dar misa en la parroquia del barrio a discutir quiénes van a ser los monaguillos en la misa de las 12. Si es otro rol se va a complicar.

¿Por qué Córdoba es tan anti kirchnerista pero siempre elige peronismo?

– Por las dificultades que ha tenido la oposición de articular un proyecto. El peronismo ha sido muy sabio y ya el día después de la elección se puso a trabajar para ver cómo volver a dividirnos. Hasta ahora se la hicimos muy fácil. Pero no podemos volver a entender que la oposición divida tiene una chance en Córdoba. El que sea candidato tiene que ser el que mejor parado esté y todos tenemos que apoyar. 

– ¿Va a ser candidato en 2023?

– Vamos a ver. Fui candidato en 2007 y me robaron la elección. Después fui en 2011, pero en el 2015 y 2019 no me dejaron competir. El objetivo es construir una alternativa, después se verá quién lidera.

– Se cumplieron 20 años del 2001. ¿El país está mejor o peor? ¿En qué falló la política? 

– Está infinítamente peor que en 2001. Lo que pasó en ese entonces es que quienes gobernaban eran los opositores y el peronismo cuando no está en el poder claramente se convierte en una maquinaria destituyente. Si hoy estuviera gobernando Macri, el país estaría prendido fuego porque la situación económica, social, los indicadores de pobreza, de marginalidad y el vínculo educativo, es alarmante. El 2001 fue una crisis política del partido de Gobierno con una situación económica crítica. Pero ahora, lo social es mucho más complicado. No se prende fuego porque gobierna el peronismo y las organizaciones sociales tienen un poder, otorgado por errores de nuestro propio gobierno, se han convertido en árbitros de institucionalidad. Y la política no aprendió absolutamente nada. Estamos mas vanidosos, autoritarios y menos proclives a gestos de humildad.

– ¿La grieta es un negocio?

– La grieta es moral y ética; de valores. Hay bandidos, sinvergüenzas e inmorales y hay tipos decentes y honorable de los dos lados. Nadie tiene el patrimonio de de la decencia, no todos los k son delincuentes ni todos los de JxC son desechos de virtudes. Los dos sectores hacen uso de la grieta, porque te permite disimular tus miserias.

– ¿Cree que los dirigentes priorizan lo que diga su electorado en las redes sociales por sobre lo que el país pueda estar necesitando? ¿No falta una mirada más por encima, a largo plazo?

– No tengo dudas. Vivimos en el cortoplacismo y a eso se sumaron las redes sociales con la inmediatez exasperante. Militan en redes y hay desconexión de las realidades de la gente. La agenda de la política no pueden ser los temas de agenda de los medios que duran 24 horas. Es más importante consumir focus group que salir a la calle.

Pasión por la política, cordobés de pura cepa y crítico implacable del poder de turno

Luis Juez tenía 17 años en 1982 cuando terminó el secundario en el liceo militar General Paz de Córdoba. De familia tradicionalmente peronista y en plena primavera democrática se unió al PJ “encandilado” detrás de Juan Manuel de la Sota, que empezaba su carrera política. Se formó con él y lo siguió durante 20 años hasta que llegó el primer triunfo de De la Sota en la gobernación. Ahí, asegura, llegó su “gran desilusión” y luego se convirtió en su más férreo opositor. 

De la Sota lo llamó para ser Fiscal Anticorrupción. “Con las primeras denuncias ya empecé a sentir una presión terrible. Denuncié ministros y De la Sota me maltrató y denigró de todas las formas. Yo llegaba llorando a mi casa porque me querían hacer sentir como un traidor”, asegura. Después lo echaron y siguieron caminos separados, aunque hoy le reconoce haber sido su “profesor”.

En esa época nació, prematura, su cuarta hija: Milagros, que tiene parálisis cerebral. “Nos cambió la vida. Es un ser que vino a interpelarnos. Pasé de enojarme con Dios, preguntarme por qué nos pasaba esto a nosotros a ser un agradecido eterno porque me regalaron un ángel, una criatura de 20 años que no conoce la maldad. Es mi motivo de energía, mi fuente de inspiración”, apunta.

Siempre la hizo participar de cada evento político suyo, hasta que recibió críticas de periodistas que señalaron que quería dar lástima para sacar rédito político. “Me dolió eso. Yo la llevaba a todos lados porque es lo mejor que tengo y porque peleamos para que la miren, creo que es una forma de integrarla a una sociedad discriminadora. Tengo amigos que hablan lenguaje inclusivo pero se incomodan si llevo a Milagros”, se queja.

Su familia, asegura, es su prioridad. Por eso, dice, le costaron muchos los dos años de embajador en Ecuador durante el gobierno de Mauricio Macri. “Me tenía que inventar quilombos para sentirme vivo. Siendo embajador vivís como un rey, pero estar lejos de la familia, de tu país es muy difícil. Además, sentía que era injusto después de haber peleado tanto para llegar al gobierno nacional estar afuera de Argentina, que contribuís, es un cargo importante, pero mi capital político estaba acá”, recuerda.

Su salida de ese cargo fue ruidosa porque se dio meses después de las acusaciones que recibió por declaraciones descalificatorias contra los ecuatorianos. Había dicho que debía cambiarse de indumentaria para no parecer un “mugriento”, por “adquirir hábitos ecuatorianos”. Explicó que se refería a una costumbre del pueblo Otavalo, pero hubo reclamos de la cancillería ecuatoriana.

“Fue una operacion porque yo tuve una pelea con Rafael Correa cuando la legislatura decidió conmemorar a Cristina Kirchner como arquetipo de mujer latinoamericana. Terminé con buena relación con Lenin Moreno. Además, ya tenía decidido volverme en diciembre de ese año, se lo había informado a Macri. En ese entonces ya no quedaban dudas de que me habían sacado de Córdoba para no hacerle quilombo a (Juan) Schiaretti”, retruca.

Cuando no hace política juega al fútbol y trabaja en el estudio jurídico familiar. “Me tendría que haber dedicado de lleno a eso, pero la política es mi pasión”, concluye.

AL TOQUE

Un proyecto: construir una alternativa plural que quiera hacerse cargo de los problemas de los cordobeses.

Un desafío: ser siempre la misma persona sin que las derrotas me desmoralicen ni los triunfos me encandilen.

Un sueño: ser gobernador de Córdoba.

Un recuerdo: mi época universitaria.

Un líder: Nelson Mandela.

Un prócer: San Martín.

Una comida: milanesas con papas fritas.

Una bebida: fernet con coca. Y hielo, mucho hielo.

Un libro: Cualquiera que se refiera al Derecho Penal, mi especialidad en la abogacía.

Una persona que admira: Al ex gobernador José Manuel De la Sota, con el que empecé en la política ni bien salí del secundario.

Un placer: ir a la cancha con Martín, mi hijo.

Una película: La Vida es Bella.

Una serie: Game of Thrones

Un lugar: Mi casa, con mi familia.

Itinerario

Luis Juez, Senador por Córdoba (Juntos el Cambio) Foto: Javier Cortéz

Luis Juez nació en Córdoba, en septiembre de 1963, tiene 58 años y es abogado de profesión. Está casado y tiene cuatro hijos. Empezó su carrera política a los 17 como afiliado al PJ, de la mano del ex gobernador cordobés José Manuel de la Sota. Fue diputado provincial y Fiscal Anticorrupción durante su gobierno. Luego se convirtió en opositor al peronismo local. Fue intendente de Córdoba Capital entre 2003 y 2007, concejal, senador nacional (2009-2015) y diputado nacional hasta este año que vuelve a la Cámara Alta. Durante el gobierno de Mauricio Macri fue el embajador argentino en Ecuador durante dos años.

TEMAS QUE APARECEN EN ESTA NOTA