Escenario internacional: un reseteo mundial

0
100
escenario-internacional:-un-reseteo-mundial

La economía argentina hace mucho tiempo que abandonó la normalidad. Desde la irónica predicción del premio Nobel de Economía Paul Samuelson de que existían cuatro tipos de países: desarrollados, subdesarrollados, Japón y Argentina. Claro que la nació oriental, por aquel tiempo era sinónimo de milagro económico y nuestro país de una rara conjunción de singularidades que daban por resultado un estancamiento crónico. Pero el mundo se desconfiguró luego de la pandemia y no encontró todavía un equilibrio estable. Como símbolo de la inestabilidad económica generalizada, la inflación reapareció para marcar preocupación. ¿Se habrá argentinizado el escenario mundial?

Aterrizaje. Proyectando toda esta incertidumbre a la Argentina, Fernando Marengo, economista jefe de Arriazu Macroanalistas, sostiene que hay que tener presente que el país ya está fuera de los mercados de capitales, con lo que cualquier impacto se daría a través del precio de las materias primas o que ocurra con actividad económica de los principales socios comerciales. A su juicio, es central lo que ocurra con la Reserva Federal (Fed), el análogo de nuestro Banco Central, visualiza dos escenarios:

1.La Fed toma medidas preventivas y no hay inflación. De esta de forma la reserva federal deja de comprar activos (de esta forma deja de inyectar liquidez) y eventualmente después sube la tasa de interés. El impacto en commodities sería relativamente bajo, mientras que actividad de los socios comerciales volvería a crecer.

2.La Fed no toma medidas precautorias, la inflación se consolida y tiene que tomar medidas para bajarla. Esto implicaría medidas más severas de suba de tasas de interés y afectaría la actividad económica de los socios comerciales. La suba de tasas podría generar una apreciación del dólar y la baja en el precio de los commodities.

¿Cuál escenario prevalecerá? Dudas, pero para Argentina está claro que el segundo tendría un efecto devastador.

Causas y efectos. Las diferencias entre lo que pasa en el mundo desarrollado y lo que sucede en nuestro país son muchas y no sólo en la magnitud de los fenómenos: mientras acá suenan las alarmas cuando la inflación trepa al 4% mensual, allá lo hacen cuando se pasa de ese porcentaje en todo el año. En septiembre, el índice de precios al consumidor (IPC) de los Estados Unidos marcó un 5,4% interanual (contra septiembre del año pasado). También en España, el IPC llegó el 5,3% para el mismo período, luego de una década de estar alrededor del 0 o incluso mostrar deflación anual.

Las explicaciones apuntan al comportamiento desigual de los sectores frente a la salida de la crisis pandémica, apoyada en una emisión monetaria (tanto de dólares como de euros) sin precedentes. Incluso analizando los diversos rubros, encontramos mucha diferencia en los valores que llaman la atención. Los alimentos están al tope del ranking, a excepción de los precios del transporte, que casi triplicaron el índice general. En el caso de los alimentos, pesa el boom del último año en los precios de los commodities que parece estar buscando un piso para sostener una franja de precios que responda a una demanda sostenida en el tiempo. El continuo crecimiento de la demanda china de proteínas hizo subir, ya para el año pasado, los precios de todos los productos primarios, especialmente el maíz, la soja y la carne (vacuna, especialmente). Sin tocar los valores de la “burbuja” alimentaria de este verán, las proyecciones para 2022 indican que no hay razones para que los precios actuales se vean modificados. Una excelente noticia para los países, que, como Argentina, gracias a esta fiebre alcista pudo contrarrestar un regular año climático: las exportaciones agropecuarias no estuvieron en el techo en cantidad, pero el valor total de lo embarcado llegó a casi US$ 13.000 millones.

El inflador detrás de estos precios es, sin duda, la fortísima recuperación de la economía china luego de su corta pandemia. Le llevan un trimestre de ventaja al resto del mundo y por eso ya para el primer trimestre de este año, se había recuperado 18,5% con respecto a igual período del año anterior, mientras que, en los Estados Unidos, el indicador mostró una suba del 13% recién en el segundo trimestre de 2021 contra 2020. “Acá no hay estanflación, como en los ‘70, porque este año, la economía mundial crecería entre 8 y 9% del PBI. La inflación en este contexto es un fenómeno radicalmente distinto”, concluye el analista Jorge Castro, presidente del Instituto de Planeamiento Estratégico.

Caos de mar. El otro coletazo de este apagón y resurrección de la economía china en menos de un año fue el desequilibrio que produjo en el flujo de mercancías marítimas. China concentra el 40% del tráfico mundial y los demás países del sudeste de Asia, otro 31%: o sea que 7 de cada 10 artículos transportados tienen como origen o destino puertos de esas latitudes. El desbarajuste fue tal que se presentan faltantes de piezas en las cadenas productivas del sector automotor, el de informáticas y electrodomésticos (por los chips) o en algo tan simple como la industria de la bicicleta en todo el mundo. “El precio de los fletes tocó un récord por China y los puertos norteamericanos del Pacífico están experimentando abarrotamiento fenomenal y el precio de la carga por container es el más alto en décadas”, agrega Castro. Valores duplicados y hasta triplicados, dificultad para conseguir espacios y plazos erráticos; complican el mecanismo de relojería del sistema de producción mundial.

Otro elemento de peso es la recomposición de los precios de la energía en el último año. Desde los valores deprimidos por la parálisis pandémica, el paulatino restablecimiento de los circuitos productivos fue elevando la demanda y el barril ya cotiza a más del doble del año anterior.  Una buena noticia para las inversiones locales en el sector, pero una pésima para el fisco por el esquema endeble de precios ya que “se sitúan en torno a un 30-35% por debajo de los internacionales y ante un escenario de altos precios, paradójicamente, podría reducir inversiones en el país ya que el capital preferirá alocarse a países con precios mayores, como sucede en la totalidad de los países a excepción de Argentina y Venezuela”, argumenta el especialista Daniel Gerold, titular de G&G Energy Consultants, en un reciente informe, muy cotizado en el sector.

El cisne verde. Finalmente, para agregar un elemento perturbador, la cumbre COP 26 sobre el ambiente en Glasgow, va mucho más allá que introducir más dificultades. “Hay un antes y un después de esta cumbre para trazar la nueva configuración del sistema económico mundial”, explica Martín Fraguío, director de Carbon Group. Es que los conceptos centrales que se discuten allí están vinculados con el riesgo financiero integral, que incluye aspectos ambientales, induciendo a que las empresas informen su propio riesgo climático y la formalización de los mecanismos de mercado de carbono. “Surgirán nuevas cadenas de valor y reglas para invertir en este paradigma con fondos billonarios para financiar esta transición”, agrega.

Escenario alterado, pero no necesariamente pesimista. Apto para argentinos.

Galería de imágenes

En esta Nota