Tras el “susto” por su salud, Alberto Fernández hizo una escala en Madrid y el discurso de Cristina lo agarra en pleno vuelo

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El Presidente arribó esta madrugada a España, donde se quedará unas horas.

Entre el “susto” por la descompensación de salud que sufrió en el G20 y la satisfacción por haber logrado que China anuncie la ampliación del swap con Argentina y que el FMI evalúe la reducción de los sobrecargos y abra una vía de negociación para determinar los costos de la guerra de Rusia y Ucrania para el hemisferio sur, Alberto Fernández no quiere pensar todavía en la política doméstica, a pesar de que ya emprendió el largo regreso desde Indonesia.

Tras más de 15 horas de vuelo, arribó a España a las 5.26 -cuatro horas menos, la madrugada en Argentina- y permanecerá hasta ya entrada la noche en Madrid, donde el objetivo inicial fue aprovechar para descansar en la embajada, pero luego de algunos contactos decidió sumar una reunión con la vicepresidenta del gobierno de España, Yolanda Díaz Pérez. Por la visita del jefe de Estado, organizada a último momento, en la embajada argentina se debió cancelar un encuentro que Ricardo Alfonsín había trazado con escritores argentinos que participan del Festival Eñe, entre los que figuran Eduardo Sacheri, Andrés Neumann, Pablo Katchadjian y Gabriela Cabezón Cámara.                     

En “modo internacional”, el Presidente no hizo ni hará -al menos en lo inmediato- comentarios sobre el discurso que Cristina Kirchner dará esta tarde en La Plata. Más: cuando la vice salga a escena en el Estadio Unico Diego Armando Maradona, estará en pleno viaje a Buenos Aires, lo que le permitirá esquivar cualquier especulación al respecto. Recién se enterará de lo que haya dicho cuando el avión aterrice en Ezeiza.

A diferencia de otros mandatarios, cuando está en vuelo Fernández permanece desconectado de lo que pasa en la Argentina. Es que Presidencia no quiere pagar el servicio para tener conexión a internet durante los vuelos chárter de Aerolíneas Argentinas, y el contacto con el país de la comitiva queda reducido durante las horas de vuelo a una llamada de emergencia que eventualmente -y a un costo muy alto- deba hacer el Presidente a través de un teléfono satelital en poder permanente de la custodia. No suele usarse con cualquier excusa. Esta vez no será la excepción.

De hecho, en el Gobierno dicen no estar en alerta por la palabra de Cristina. “¿Vos creés que ella está atenta cada vez que habla Alberto?”, es el planteo de una importante voz de la delegación, que se esfuerza por desdramatizar la escena; y dice no temer por el contenido del discurso. “No va a ser muy diferente al anterior”, prevé, en relación al que dio en Pilar, en el congreso de la UOM. Pero el marco ahora será bien distinto: se espera un estadio colmado por más de 60 mil militantes efervescentes que insisten en el operativo clamor para que sea candidata a presidenta en 2023.

Incluso con este panorama, no esperan en la comitiva que Cristina avance con detalles sobre la posibilidad de una eventual candidatura. E interpretan que la movida pergeñada por el kirchnerismo duro bajo el lema “Cristina 2023” que apareció en afiches y gifs en redes sociales, en la convocatoria al acto por el Día del Militante, no va de la mano de un interés de la vice sino en un objetivo político de dejar abierta la puerta hasta el final a que eso ocurra. En cierto modo, relativizar los dichos de Máximo Kirchner, que en una entrevista con Roberto Navarro, sin querer, blanqueó que no va a ser candidata.

Aportó tranquilidad el llamado que el martes le hizo Cristina a Alberto F. cuando se enteró del cuadro que sufrió. Además de implicar el regreso al diálogo entre ambos, algo que no había ocurrido en las últimas semanas, sirvió para distender. Cerca de Fernández valoraron el “gesto” de la vice y entienden que en el acto no habrá dardos filosos en su contra sino que ella tendrá un tono “propositivo”.

Es curioso porque hoy en el universo de albertistas que quedó en pie en el Gobierno diferencian la virulencia que en los planteos públicos muestran Máximo Kirchner y La Cámpora con la línea de la vicepresidenta.

Tras el atentado, Cristina intenta enfocarse en combatir los discursos de odio. La agrupación fundada por Máximo, en cambio, no sólo redobló los ataques a la oposición -incluso a algunos dirigentes los señala sin ninguna prueba como responsables- sino que fogonea proyectos que dividen aguas políticamente hasta en el oficialismo, como la derogación de las PASO.

Fernández usó a Madrid como escala en el largo vuelo -más de 15 horas- de regreso de Bali, donde entre martes y miércoles, y con la dolencia que le generó la “gastritis erosiva”, logró los dos objetivos “económicos” que trazó en torno al G20: que China amplíe el swap en 5 mil millones de dólares para fortalecer las reservas del Banco Central, y que el Fondo Monetario Internacional incorpore a su agenda la discusión sobre los sobrecargos que les cobra a los países endeudados y el costo que la guerra está teniendo para el hemisferio sur, dos reclamos que viene haciendo la Argentina.

La bilateral con Kristalina Georgieva fue lo último que hizo Fernández en Indonesia. Minutos después el mandatario dejó el Hotel Meliá y enfiló para el aeropuerto.

Ya arriba del avión, en el entorno presidencial celebraban que tanto Georgieva como el chino Xi Jinping el día anterior habían escuchado los planteos de Fernández. “Valió la pena el esfuerzo”, dijeron desde la comitiva. Se referían a que, de no haber sido que en las dos cumbres se ponían en juego muchas definiciones importantes para la Argentina, hubiera primado la recomendación médica de cancelar la agenda. Dicen que el Presidente estaba de acuerdo con la idea de frenar, pero que esta vez no actuó por rebeldía sino por necesidad: “Se asustó mucho, la pasó horrible”, graficaron.

Al cabo, hay una versión que nadie confirma en público pero tampoco desmienten que da cuenta que en realidad no fue uno sino dos los momentos en los que el “vahído”que dijo haber sentido el Presidente casi lo hace desplomar en el centro de convenciones del G20: uno ocurrió mientras hablaba con el español Pedro Sánchez y otro ya en el ascensor, cuando era llevado hacia otro sector para ser atendido por los médicos. Después de esos momentos de extrema preocupación, en el que varios vieron al Presidente recostado en una camilla y siendo trasladado a un hospital, la preocupación política pasó a un segundo plano. Incluso cuando se trata de la palabra de Cristina.