Cómo el tango que se baila en las milongas se volvió objeto de estudio

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Qué misterioso es el baile de tango; no aquél que tomó ya desde hace tiempo la forma de espectáculo sino el que se expresa en las pistas de los salones de baile, es decir, en las llamados milongas.

Si hacemos un recuento rápido de otras danzas argentinas de pareja, podemos evocar el alegre juego amoroso que emana de una chacarera bien bailada, o la refinada, discreta pero clara seducción que pone en acción la zamba.

Una pareja bailando en la milonga Salon Canning durante el último Festival de Tango. Foto AFP

El baile de tango, ¿un objeto de estudio?

¿Pero qué ocurre con el tango? ¿Qué evocamos? Dos cuerpos enlazados con mayor o menor proximidad, en actitudes más introspectivas que sensuales, y que se comprenden a través de claves difíciles de desentrañar si los que observan no son iniciados.

Entre otras incógnitas que esta danza plantea, figuran también sus orígenes y las razones de los cambios que fue experimentando a lo largo del tiempo.

Y para contrastarlo con esa otra danza de salón que es el vals vienés, vemos que se baila hoy (al menos en Viena y, mal que bien, en las fiestas de casamiento) prácticamente igual que hace doscientos cincuenta años. En cambio el baile de tango ha ido modificándose en todos los sentidos a lo largo de un siglo y medio.

Es quizás por estos y otros tantos motivos que se ha vuelto crecientemente un objeto de estudio y de análisis.

Buen testimonio de este interés se refleja en las jornadas del Encuentro Nacional del Tango (desde el jueves 17 hasta el sábado 19 de 14 a 20 en el Centro Cultural Borges, Viamonte 525), en las que habrá espacios de reflexión, encuentros con maestros, laboratorios, debates, además de clases y montajes de coreografías. Todas las actividades tienen entrada libre.

Un recorrido por las maneras de bailar

Milonga Tango en la Glorieta de Barrancas Belgrano. Foto Marcelo Carroll.

Se supone que el tango tiene un remoto origen de arrabal; pero sobre lo que hay una total certeza es que vivió una gran expansión a comienzos del siglo XX, fue exportado exitosamente a Europa, regresó triunfalmente al Río de la Plata, floreció en todos los sentidos en los años ’40, se replegó hacia la década del ’60 regresó a la popularidad en los ’80.

A medida que transcurría todo este tiempo el baile de tango fue experimentando varios cambios estilísticos: las primeras formas, que se cree que eran muy parecidas a lo que es hoy el ritmo de milonga (en su expresión bailada), se acomodaban al compás original de dos por cuatro; pero ya cuando se compuso La cumparsita en 1917, el compás había pasado a un cuatro por cuatro. Por alguna razón, también misteriosa, se continúa llamando al tango “el baile del dos por cuatro”.

Y así fueron pasando el tango orillero, el tango canyengue, el tango salón y el tango del centro de la década del ’60; y luego las modalidades más recientes como fusiones o derivaciones de estilos anteriores.

Rasgos originales

Bailes con orquestas en 1940.

La diferencia esencial del tango que recién nacía con otros bailes de salón de la misma época –las entonces popularísimas polka o mazurca- es, en primer lugar, que los movimientos que ejecutan el hombre y la mujer no son simétricos; es decir, que uno y otra pueden hacer cosas diferentes al mismo tiempo.

Luego, que la ejecución de pasos no responde a un orden predeterminado porque aquel que conduce el baile va improvisando mientras baila en la pista. Incluso con el cambio que trajeron las nuevas formas de relación (parejas formadas por dos hombres o dos mujeres), la distribución de roles es la misma: alguien improvisa y conduce y su pareja lo sigue.

Por otra parte, el tango introduce la pausa, la detención en distintos momentos del baile como un elemento fundamental.

Es lo que suele denominarse “cortes”, citado con frecuencia aunque muchas veces no se conoce exactamente su significado. Vale la pena agregar que la palabra “quebrada”, habitualmente unida a “corte”, alude a los movimientos quebrados de las caderas; pero éste es un rasgo de estilo del tango de las primeras épocas que luego cayó enteramente en desuso.

Tango de salón, tango de escenario

El tango de pista y tango de escenario o de exhibición nacieron casi a un mismo tiempo, medido en tiempos históricos; sus caminos se cruzaron numerosas veces en el curso de los años y aún hoy se cruzan.

El espectáculo Tango Argentino en el teatro Gershwin de Broadway, en el 2000.

Los más célebres bailarines de escenario tomaron pasos de bailarines de pista en diferentes épocas, del mismo modo que los bailarines populares incorporaron pasos ejecutados o inventados por profesionales.

“La danza del tango es la versión vertical de otro ejercicio horizontal”, escribió alguien. La frase es conocida y se la repite bajo diferentes formas, pero es quizás solo un juego de palabras ingenioso que no agrega nada a la comprensión del tango como baile de salón.

Otra cosa es el género del tango de escenario, que ha evolucionado en el camino de un fuerte erotismo bajo formas muchas veces muy acrobáticas. Pero esta diferencia entre uno y otro género no dice nada en particular de uno y otro, no vuelve a uno más puro o más legítimo que el otro.

Por otro lado, en el tango de la milonga la compatibilidad entre bailarines se limita al encuentro en la pista y a la duración del tema musical. En la vida efímera de un tango se establece una comunicación casi amorosa, aunque no trascienda las fronteras del baile y aunque ninguna otra cosa vincule a las partes.

El baile y la música que lo acompaña

Curiosamente el tango, en su aspecto bailable, se ha modificado en muchos aspectos pero la música sobre la que se baila hoy en las milongas continúa siendo, en una proporción muy mayoritaria, la que se compuso y grabó en las décadas del ’40 y del ’50, poco más, poco menos.

Una milonga en Barrancas de Belgrano, 2006. Foto:Eduardo Carrera

¿Es necesario que aparezca una nueva música de tango para que el baile se renueve? No parece haberlo necesitado en los últimos veinte años, en los que surgieron nuevas formas, nuevos pasos, nuevas dinámicas, otras maneras de enlazarse de la pareja que baila. Pero si los tangos de las orquestas de la época de oro sirven tanto a las formas heredadas como a las nuevas formas que se producen, difícilmente pueda imponerse un cambio desde afuera.

Cambiar algo para que nada cambie

Con la expansión planetaria del baile de tango, y con los miles de milongas esparcidas por el mundo entero es conmovedor pensar en esa multitud de individuos que en incontables pueblos y ciudades de todo el mundo se mueven de a dos bajo las normas de una danza compleja y extraordinaria.

Quizás es un nuevo ciclo del baile social, el regreso a la danza de la pareja unida, que en el caso del tango ha demostrado además que puede cambiar todo lo que sea necesario para continuar siendo el mismo.

MFB