Los detalles de la jornada dramática de Alberto Fernández: el susto de Pedro Sánchez, la sorpresa de Cafiero y el consejo de Cristina

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Tras descompensarse, los médicos le aconsejaron recortar actividades. Dieta líquida para paliar una dolencia que el Presidente arrastra hace mucho.

Santiago Cafiero miraba una y otra vez hacia la puerta por la que ingresaban los presidentes para participar de la apertura del G20 de Bali y no entendía nada. El canciller buscaba a Alberto Fernández y no lo lograba divisar. Ya había entrado la mayoría y el Presidente allí debía estar, pero no se asomaba. Hasta que después de unos minutos alguien le avisó que había tenido un bajón de presión y se decidió que fuera él quien lo reemplazara con el discurso de apertura, algo que resultó casi natural dado que lo había ayudado a escribir el texto.

A partir de ahí la incertidumbre se apoderó de todos durante las seis horas que el jefe de Estado estuvo en el Sanglah General Hospital, el sanatorio dispuesto por Indonesia para que se atiendan los mandatarios, hasta que se le diagnosticó “una gastritis erosiva con signos de sangrado“, un cuadro que en 2004 aquejó a Néstor Kirchner, y por el que deberá tomar especiales cuidados.

El primero en advertir que algo andaba mal en la salud de Fernández fue el presidente del gobierno de España, Pedro Sánchez. Hasta esa charla que mantuvieron en una sala del Centro de Convenciones, ubicado en el majestuoso hotel The Apurva Kempinski, todo marchaba sin inconvenientes. Fernández había llegado acompañado por el ministro de Economía, Sergio Massa, y el vicejefe de Gabinete, Juan Manuel Olmos, y al ingresar posó sin problemas para la foto con el presidente anfitrión, Joko Widodo, de Indonesia.

Ya adentro, antes de que los mandatarios salieran a escena, se mostró sonriente e intercambió saludos con la titular del Fondo Monetario Internacional, Kristalina Georgieva, con quien mantendrá una bilateral este miércoles antes de emprender la vuelta a Buenos Aires; con la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, con el canciller ruso, Serguéi Lavrov, y con el secretario de la Organización de las Naciones Unidas, António Guterres.

Pero todo se agravó mientras hablaba con Sánchez y ultimaban detalles para la presentación de la estampilla conmemorativa de los 50 años del regreso del general Juan Domingo Perón a la Argentina desde Madrid. El español, con quien tiene una excelente sintonía, pensó que se había quedado dormido cuando lo advirtió débil y algo desorientado y hasta le hizo un comentario con tono jocoso. El cuadro se complicó en los instantes posteriores a esa escena, cuando -según contó Fernández a interlocutores- sintió un vahído. “Sánchez tenía una cara de susto tremenda, no entendía lo que estaba pasando”, contó alguien de la comitiva.

Enseguida intervinieron los médicos del G20 y se acercó el doctor Manuel Estigarribia, del equipo de la Unidad Médica Presidencial, a cargo de Federico Saavedra. Se pensó en principio que había sido un cuadro de hipotensión y mareos, producto del agobiante calor y la humedad que había para esa hora en Bali. “Por el jet lag está casi sin dormir”, justificó ante Clarín un incondicional del Presidente cuando no se sabía demasiado.

Pero los médicos querían evaluar bien el caso. Sospechaban que podía ser algo del estómago porque desde hace un tiempo Fernández sufre de gastritis. El asunto es que no se lo trata más que tomando una solución a base de bicarbonato cuando tiene mucha acidez. Esta vez los médicos no lo quisieron dejar pasar.

Así, acompañado por los secretarios Julio Vitobello (Presidencia) y Gabriela Cerruti (Comunicación y Prensa), a Fernández lo subieron a una ambulancia (“Fue por protocolo, nada más”, minimizaron cerca suyo) y fue trasladado al hospital. Minutos después, algo mejor, el Presidente pidió avisarle a la primera dama, Fabiola Yáñez, antes de que saliera la noticia en los medios, para evitar preocupaciones. Con Roma, a donde Yáñez viajó para participar de una actividad impulsada por el Papa Francisco, había una diferencia horaria de siete horas menos: eran las 3 de la mañana.

Luego de esa comunicación, salió el primer parte médico. Fue antes de que Cafiero saliera a escena a reemplazarlo en su discurso y mientras la prensa que acompaña a la comitiva intensificaba las consultas ante su demora en salir a escena. Algo estaba mal.

Con el Presidente ya en el hospital, la comitiva se desplegó para cubrir todas las actividades. El canciller participó de las sesiones, Olmos y Massa se multiplicaron, y el embajador en Washington, Jorge Argüello, fue el señalado para cubrirlo en la actividad de infraestructura organizada por el estadounidense Joe Biden.

Como pararrayos de las versiones que se disparaban, desde la comitiva minimizaban el episodio. “Ya está mejor”, repetían. Pero nadie estuvo seguro hasta que surgió el segundo comunicado. Fue, en la vorágine, la manera a la que recurrieron para no alarmarse más. Una impostura. “Nos pegamos un cagazo bárbaro”, admitieron desde Presidencia, donde reconocen que a partir de esto “Alberto se va a tener que cuidar un poco más”.

La reacción inmediata del Presidente no hace pensar que esta vez reaccionará distinto. La decisión de mantener en su agenda las bilaterales con Xi Jinping y Kristalina Georgieva y el acto con Pedro Sánchez da cuenta de eso. “Siguió las indicaciones médicas y sacó el resto de las actividades”, explicaron en la comitiva.

Fernández quiso despejar rumores y le pidió a Cerruti que le armara un contacto con la prensa, en la que dijo estar “muy bien”. Antes, de esa conferencia negó haber estado internado, pese a que estuvo seis horas allí haciéndose estudios: “No es como dice en el diario, no estuve internado“, le dijo a un interlocutor dando a entender que había estado lo suficientemente lúcido como para leer Clarín y detectar un error.

El cierre de la jornada lo encontró a Fernández con un giro inesperado: luego de un largo tiempo sin hablar, Cristina Kirchner lo llamó para ver cómo estaba. Le deseó una pronta recuperación y le recomendó que cuide su salud. El médico le dijo lo mismo: “No comas nada, hasta mañana solo agua“.