River sabe que se juega una bala de plata en la Copa Argentina y se desvela con otro mano a mano contra Boca

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Cada vez que River sale de Buenos Aires para ir al Interior del país, la provincia a la que va vive una verdadera revolución. Y La Rioja no fue la excepción. Desde el aeropuerto hasta el hotel donde se alojó el plantel del Millonario, hubo una caravana de hinchas y la celebración por la presencia del equipo de Marcelo Gallardo incluyó una bandera de más de 140 metros, un camión con un DJ, bombas de humo, decenas de bengalas blancas y rojas y una gran cantidad de gente.

El recibimiento fue un mimo para un plantel que llegó golpeado a La Rioja luego de la derrota con Talleres de Córdoba y la despedida de la pelea por el título en la Liga. Y es por eso que la apuesta ahora es a la Copa Argentina, la bala de plata que le quedó a River para intentar salvar el año y en la que este miércoles se medirá por los cuartos de final contra Patronato, que guardará titulares para el campeonato, en el que se juega su permanencia en Primera.

El equipo de Núñez sufre una crisis futbolística como nunca pasó en el ciclo de Gallardo. Pero la historia no terminó y el Muñeco se aferra a la última ficha para la reacción de su plantel, al que buscará enfocar a sus jugadores para centrarse en un objetivo específico. Y como en otros tiempos de su era, esa zanahoria que aparece en el camino es Boca.

Gallardo quedó muy preocupado tras la derrota contra Talleres. Foto: Fernando de la Orden

Y aunque en los últimos dos años los enfrentamientos con su eterno rival se equilibraron y ya no pesa tanto el factor emocional con el que River le empezaba a ganar los partidos al Xeneize, una sed de volver a esos tiempos se respira en Núñez. Es que el conjunto de Gallardo no solo va por un triunfo ante Patronato que le traiga algo de alivio y lo clasifique a las semifinales de la Copa Argentina, sino también persigue el eventual cruce ante Boca -si le gana el mano a mano a Quilmes- en la siguiente instancia.

En el inicio de 2018, casualmente, River vivía una minicrisis futbolística y la zanahoria era la final contra Boca por la Supercopa Argentina. Y en la previa de aquel duelo, el equipo de Gallardo empezó a cambiar las energías a partir de un 1-0 a Patronato en Paraná, después le ganó a su clásico rival en Mendoza y transformó aquel año en uno de los mejores de su historia luego de también derrotar al Xeneize en la final de la Copa Libertadores.

Había otro plantel, lógico. Con más jerarquía y personalidad, cierto. Pero este River quiere transformar la casualidad en causalidad. Y aunque las ausencias de sus seleccionados Franco Armani, Paulo Díaz y Nicolás De La Cruz, pesen, y haya perdido a Santiago Simón por lesión y Emanuel Mammana llegue tocado, Gallardo tratará de encontrar las variantes (vuelven Andrés Herrera y Enzo Pérez) para poder encontrar al menos una respuesta en este 2022 por ahora olvidable para él y los suyos.

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