Secretos de un productor: qué hacía Sebastián Ortega de chico cuando Palito y Evangelina no lo dejaban ver tele

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Sebastián Ortega pide desocupar una sala: la meeting room del cuarto piso de las nuevas oficinas de Telemundo Streaming Studios Argentina y Underground. Ahí mismo, mientras parte de su equipo abandona el lugar, una pizarra con anotaciones del día -en la misma sala, pero ya vacía- lo delata: tiene algo entre manos.

“Será nuestra primera serie americana, hecha en Estados Unidos, que tiene que ver con parte de mi adolescencia allá”, adelanta Ortega, aunque el primer tramo de la charla conduce al auspicioso estreno de Diario de un Gigoló. Producción internacional rodada en la Argentina, está tercera a nivel mundial en Netflix desde su lanzamiento y primera en países como Turquía.

“La empecé a cranear en 2009”, dice sobre la miniserie dramática de 10 episodios. Un thriller con aires telenovelescos, que como muchos diamantes en bruto de la productora, adquirida por NBCUniversal Telemundo, esperó el tiempo adecuado para ver la luz”, cuenta.

Ortega forma parte de la NBC Telemundo: “De repente aparecen 40 personas en los monitores y es todo virtual. Fotos Emmanuel Fernández

“Teníamos presupuesto acotado y el protocolo Covid se llevó un porcentaje enorme”, admite el productor. Además de reunir un dream team argentino actoral y técnico, con Mariano Ardanaz en la dirección y Eugenia Tobal en el elenco, convocó a figuras como el español Jesús Castro, Fabiola Campomanes y la galardonada Adriana Barraza, “a la que conozco hace más de 10 años, pero no habíamos trabajado juntos”.

Trabajar de lo que le gusta mata vacaciones

Aunque es un jueves tranquilo, Sebastián carga una agenda apretada. “Pero no es una compresión que me agobie”, explica tras develar el misterio de la pizarra -proyecto que pronto lo llevará de viaje para grabar el piloto- y nuevas historias que se cocinan a fuego lento.

“Tenemos los derechos del hijo de Pablo Escobar, Sebastián Marroquín, y estamos bastante avanzados con una serie sobre su vida, su presente y su infancia. También la versión mexicana de Historia de un Clan, con Fernando Colunga”, anticipa desde la silenciosa sala de reuniones, integrada con pantallas de última tecnología.

“Diario de un gigoló”, su flamante producción de Netflix.

“Desde que somos parte de NBC Telemundo, se sumaron las llamadas con los Estados Unidos. De repente aparecen 40 personas en los monitores y es todo virtual”, comparte.

-Uno tiende a imaginarte siempre en la vorágine o entre rodajes. ¿Es raro encontrarte en la oficina?

-No, porque no estamos con ningún rodaje. Muchos fines de semana vengo a editar porque me gusta. Tengo mi oficina arriba, pero estoy siempre en las islas. Somos una pequeña familia. No quiero sonar cursi, pero a veces disfruto más estar acá que de vacaciones. Diario de un gigoló llegó al puesto 6 de los Estados Unidos y estamos felices.

El conquistador de Turquía 

“Es la primera vez que un producto de Telemundo entra en ese top ten. ¡Hasta llegó a estar primera en Turquía! Que es rarísimo, porque es el número 1 en este tipo de contenidos, con un público muy exigente”, explica, como gran conocedor del mercado.

-¿Qué se siente al dar vuelta un poco la rueda y conquistar el mercado turco que nos vende latas acá?

-Está buenísimo. Imaginate que de ahí han salido, en los últimos 15 años, las novelas más exitosas. Y un compromiso con una corporación tan grande que compró nuestra productora, de empezar a demostrarles que no se equivocaron en haber apostado. Es como una devolución. Cuando nos unimos a Telemundo necesitaban una ficción para Netflix, pero apuntando al mercado de México.

-¿Hoy pensas en ideas más universales?

-Sí, de hecho ellos venían grabando todo en México. Pero no había disponibilidad de cámaras ni edición allá cuando empezamos, ni nos daba el presupuesto para irnos.

-El contexto económico tan crítico de la Argentina tampoco ayuda…

-A veces hay que usar mucho el ingenio y el argentino para eso es muy bueno. Nosotros trajimos a los actores y lo hicimos en Buenos Aires. Generando nuestro propio universo, un lugar neutro.

Confesiones de un productor

-Estarás acostumbrado a arremangarte cuando hay que hacerlo.

-Es que no queda otra. Venimos produciendo televisión en la Argentina hace más de 20 años y hubo momentos favorables y no. Y en esos tenés que rebuscártela. No me estoy quejando, son circunstancias. Yo quiero seguir produciendo acá porque, si bien podríamos ir a España, México, Colombia, a mí me gusta trabajar en mi país.

Ortega confiesa que sintió miedo de tener que cerrar la productora por la crisis. Foto Emmanuel Fernández

-¿Tener la espalda de Telemundo hace que el panorama sea un poco más amable también?

-Es bárbaro. Me siento cuidado y valorado. Además, nos abrió la posibilidad de poner la cabeza más en lo creativo y no estar tan pendiente de llegar a fin de mes, tener que pagar todos los sueldos y aportes. Nos sacaron ese peso de encima.

-Cuando estaban con Underground en la meca de “El Marginal” contabas que llegaban justos a fin de mes.

-Siempre. Pero llegás a un momento en tu vida en que no querés lidiar más con ese peso. Y decís: Me merezco poder trabajar sin que exista el riesgo que en 10 meses, si hay una crisis, tenga que cerrar la productora cuando me está yendo bien.

-¿Tuviste miedo de cerrar?

-Sí, muchas veces.

-¿Y lo económico es algo que te mueve? ¿Te interesa tener un buen pasar? ¿Darte tus gustos? ¿Tener el último auto?

-A mí no me interesa tener el último auto. Me interesa disfrutar de mi trabajo. Después, si vengo a trabajar en un auto más cómodo y más lindo, bárbaro. Pero lo importante es cuando llego acá, eso influye en mi ánimo. No son los 40 minutos que paso arriba del auto.

Piedra libre para el chico detrás del sillón

-Siempre hablaste del éxito en términos de “ganarle” al sistema y escaparle a la monotonía de una rutina.

-Mis viejos (Palito Ortega y Evangelina Salazar) se pudieron dar ese lujo y crecí vibrando esa energía. Él se encerraba en un estudio en casa a componer y, aunque se aseguraba de que nadie entrara, yo me escondía atrás del sillón. Donde capaz estaba 3 horas sin que se diera cuenta, sabiendo que iba a ir porque se preparaba su botellita de vino y su guitarra.

El clan Ortega, que vivió entre la Argentina y los Estados Unidos.

Y completa: “Hoy, cuando escribo en un cuaderno, o a veces en una servilleta, un programa del que después habla todo el mundo, siento que lo logré.

-Y cuando no funciona como pensabas o no acompañan los números, ¿Con quién te enojas?

-Conmigo mismo. No me enojo, es una sensación de frustración. Por eso me da pena cuando le pasa también a mis colegas, es muy triste.

Del fracaso del ring al Martín Fierro de Oro

-¿Cómo te sacás esa tristeza?

-Me pongo a trabajar de inmediato en otra cosa. Más que pincharme, me activa. Cuando hicimos Gladiadores de Pompeya, que no caminó, lo llamé a Pablo (Culell) y le dije: Ya nos tenemos que poner a trabajar en algo que nos permita saltar la frontera. Y agarré mis escritos de Lalola, tres hojas, y en 2 meses estábamos grabando el piloto. Pasamos de ese fracaso a ganar el Martín Fierro de Oro.

En 2008 ganó el Martín Fierro de Oro para Lalola. Venía del fracaso de “Gladiadores de Pompeya”.

-Cuándo recibís un premio así, ¿es verdad que no te dura mucho el disfrute?

-Es una noche. No me gusta dormirme en el éxito. Trato de absorberlo y tomar envión para salir con más fuerza a la cancha.

-Tu cabeza no descansa.

-No sé. Hay algo que tiene que ver con ganar un poco más de confianza. Hay mucha incertidumbre cuando uno saca un proyecto. Y reconfirmarlo está buenísimo.

-¿Te cuesta hacerte cargo también de ese reconocimiento que vos mismo generás?

-Yo no genero nada solo, acá somos muchos.

-Da la sensación de que te gusta pasar más inadvertido.

-Sí, no me gusta lo público. He aprendido con los años a dividir la exposición pública y la vida personal. En algún momento me costó un poco más que no se mezclen, pero aprendí con el tiempo. En lo personal, soy una persona que tiene mucho por aprender y a la que le gusta mantener la intimidad íntima.

La vida privada, la propia y la ajena

-Pero, a la vez, seguramente te enterás de noticias que son públicas, como la separación de Guillermina Valdés, tu ex y mamá de tus hijos…

-Por supuesto. Pero, bueno, todos elegimos. Si acontece algo en mi vida personal no voy a salir a anunciarlo en las redes sociales, no voy a sacar un informativo. Pero el que elige hacerlo está en todo su derecho. Solamente puedo decidir sobre lo que yo hago con mi vida. Lo que hacen los demás es un tema de ellos.

-Y tampoco solés ir a grandes eventos o viajar mucho a festivales.

-No, fui al Festival de Cannes la última vez con mi hermano Luis, que no iba a ir, pero me dijeron: ¿Cómo no vas a ir a Cannes? Y estando allá me di cuenta de que había hecho bien.

-¿De dónde viene esa resistencia? ¿De tu personalidad?

-No es la parte que más disfruto del trabajo.

-¿No sos muy protocolar, tampoco?

-Ahora sí. Pero cuando era más joven iba de jean a los Martín Fierro y después me di cuenta de que era mejor ponerse un traje porque pasaba más desapercibido (se ríe). Estuve muchos años sin ir, hasta que me lo pidieron mis viejos. Un día mi viejo me dijo: Me gustaría verte recibir un premio con traje y corbata. Mi hija también me lo pidió.

-En Cannes fuiste noticia por tu vestimenta.

-Fue muy raro. Fui con mis zapatillas Converse, unos dickies, que son unos pantalones como los que tengo puestos, y una chomba de Fred Perry. Se ve que esa chomba con los tatuajes les gustó, porque la revista GQ sacó los 10 mejores looks de Cannes de ese año. ¡Y aparecía yo! Justo desayunábamos con Ricardo (Darín) y nos reíamos. Porque casi todos los elegidos eran actores, estaba Javier Bardem

-¿Y después lo conociste?

-Sí, en una comida bastante íntima, la noche que abrió el festival. Estaban todos. Benicio del Toro, Martín Scorsese, Kristen Stewart.

-¿Hablaste con alguno?

-No soy cholulo de los actores en general. Si los veo no es que digo: Ah, la vi a Juliette Lewis… Bueno, Juliette Lewis, en realidad, me gusta. Pero en general, me da mucha vergüenza. ¿Qué les voy a decir?

-Podés presentarte…

-¿Ir a venderme? No… Si hoy tuviese un guión, y quiero un actor, voy a pedir que se comuniquen con los representantes.

-¿Con Scorsese tampoco hablaste?

-No, aunque debo admitir que él sí me mueve un poco el piso porque soy muy fan.

Palabra de padre

Paloma Ortega, la hija de Sebastián Ortega y Guillermina Valdes.

-Cambio de tema: ¿qué pensás de la discriminación que denunció en redes tu hija (Paloma), en un boliche de la Costanera, por transfobia?

-Me parece triste que sigan sucediendo estas cosas. Llegó el momento como sociedad en el que todos terminemos de entender y nos terminemos de educar ¿no? Pero son cosas que pasan y yo también le digo a mi hija que hay que estar preparados y saber afrontarlo… Tratar de no responder con violencia que, a veces, por bronca puede pasar.

“Le digo que hay que responder con palabras. Y mantener la paz, la calma. Lo hablamos cuando sucedió esto. Yo, que soy bastante calentón, siempre le digo: ‘Tratá de no reaccionar con el primer impulso, sino entender que el problema lo tiene el otro’. Si no uno entra en el juego.

-Algo habrás hecho bien si tus hijos hacen uso de las redes para comunicar estas cosas…

-Sí, además, después de mucho trabajo, mis hijos entendieron que la vida no puede pasar por una red social y que el tiempo más lindo no sucede mirando un monitor o la pantalla de un teléfono. Ninguno de mis tres hijos abusa, pero llevó un tiempo. Quizás tenían otros referentes también que era un poco mi miedo, que se terminen enganchando con eso. Pero mis dos hijos más grandes, que viven conmigo, son muy sanos en ese sentido.

-Vas a hacer la adaptación de”Catedrales”, de Claudia Piñeiro, otra abanderada en tocar temas que mueven el avispero, como sucedió con El Reino y la reacción conservadora. ¿Qué pensas de que sigan pasando estas cosas?

-Primero es un privilegio y ella va a estar muy cerca nuestro. Lo otro, es lo que decías de lo que vivió mi hija en el boliche. Todavía hay gente que no terminó de entender ciertas realidades y se tiene que aggiornar. Que los espacios que nos dan a algunos privilegiados no sean solo para entretener, sino para reflexionar. Yo siento que tengo todo por aprender, más allá de mi edad (49 años).

Ya dejó de ser un Orteguita…

-¿Te sentís grande?

-Y, sí… No te digo que soy un viejo, pero tampoco soy tan joven. Tengo la misma necesidad de aprender de mi trabajo, de la vida, de mis hijos. El que tus hijos crezcan te ayuda a aprender, a entender y a mirar la vida de otra manera. Que no todo es negro o blanco, que hay grises y cada vez hay más detalles, líneas más delgadas. Es un ida y vuelta.

Y se define sin pudor: “Yo no soy extremadamente comunicativo. No soy de hablar mucho. Pero trato, cuando surge una conversación, de aprovecharla para poder plantear o escuchar”.

“El marginal”, su gran creación de la TV abierta que brilla en el streaming.

-¿Te siguen hablando de “El Marginal”?

-Todo el tiempo y eso un poco cansa (risas). Es curioso, pero tengo amigos odontólogos, por ejemplo, que han sido extras y no a través mío. Yo iba grabar y veía a un amigo con bermudas y remera atada a la cabeza y le decía: “¿Qué haces acá?”, “No te quise decir nada porque no me ibas a dar bola”, decían. Hasta mi profesor de tenis estaba. Le decía: Pero estuviste el martes en casa dándome clases…

-¿Seguís tomando clases de tenis?

-Sí, cada tanto. Me gusta mucho el tenis. Tengo amigos tenistas. Me gustan los deportes individuales. El surf, snowboard, en su época hacía skate, golf.

“Soy un explorador alternativo”

En la casa de Sebastián Ortega, el telón televisivo se bajaba temprano. “Me hacían dormir a las 21.30 y las mejores series eran a las 22”, recuerda quien no tardó en revocar esa regla.

“Esperaba que mis viejos se durmieran y escuchaba la tele con un auricular, de los que te daban en el avión en esa época. Me quedaba viendo Los Profesionales, una serie inglesa de los ’70 porque vivíamos en los Estados Unidos. Al otro día me dolían mucho los ojos, porque el cable era tan corto que tenía la pantalla muy cerca y me quemaba la vista. Todavía soy medio así”, se compara con humor.

“Tengo mis propios mecanismos de absorber contenidos. No soy muy de manual. Soy como un explorador alternativo”, dice.

-Definime “explorador alternativo”.

-Soy de buscar. Hay una plataforma en la que la gente puede subir cortos o videoclips y de ahí salieron varias series. Una la vi tres años, que se hizo con dos mangos. Era de un pibe que vende faso en New York. Va en bicicleta y cada cliente tiene una historia diferente. Después la compró HBO. También veo YouTube.

-¿No hay nada que te haga agarrar el control remoto para mirar TV abierta?

-(Piensa) No. No hay nada que no pueda encontrar en otro lugar donde no haya cortes comerciales. Soy muy ansioso y no tengo tolerancia para esperar cinco a seis minutos una tanda. Por ahí miro un rato y me causa gracia Beto Casella (conductor de Bendita, por Elnueve).

-¿Tampoco mirás noticieros?

-Trato de no consumir noticias, salvo lo necesario. Siento que es un bichito que tenés que medir muy bien, porque te empieza a comer y te puede llegar a modificar el estado de ánimo o te puede cagar el día.