Tapia – Tinelli: el año de la vendetta

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Hay algo que no cambiará en este 2022 con respecto al 2021: la rosca política entre los dirigentes del fútbol argentino, con Claudio “Chiqui” Tapia y Marcelo Tinelli como personajes centrales de este frenesí de idas y vueltas interminables.

Porque mientras el torneo y el nivel de juego se degradan aún más, las marchas y contramarchas en oficinas vidriadas continuarán en los primeros días del año. Incluso cuando parecía que ese vaivén se había terminado con la confirmación de Tapia en la AFA hasta 2025, ahora todo vuelve a empezar pero por el otro vértice: con el pedido de remoción a Tinelli de su cargo en la Liga Profesional que solicitaron 15 clubes. El 11 de enero habrá una reunión clave en ese sentido.

Un funcionario del Gobierno bocetea una pintura cada vez más extendida en las tribunas y plateas de los estadios argentinos: “Viven en loop, hace años que hacen lo mismo: son un cachivache”. Ese loop podría tener su hito fundacional en el 38-38 del 3 de diciembre de 2015, el día que muchos definen como una maldición y karma que sigue hasta nuestros días. 

Media vuelta. El presidente de la AFA transitó todo 2021 acechado por la mira infrarroja de la Casa Rosada y por las denuncias en la Inspección General de Justicia (IGJ). El presidente Alberto Fernández, que nunca lo convalidó al frente del fútbol nacional, se reunía con Tinelli para intentar llevar al conductor televisivo al sillón de Julio Grondona, mientras un viejo aliado de Tapia diseñaba la estrategia para sacarlo de Viamonte 1366. Durante varias semanas, incluso los más cercanos al Chiqui pensaban que la situación era difícil de revertir. Lo decían de dos maneras: con resignación o con silencio. 

Pero como sucede en otros planos mucho más importantes, los deseos de Alberto Fernández no siempre son los deseos de todo su Gobierno. Los resortes de Tapia con el kirchnerismo, de su ladero Pablo Toviggino con el massismo y los votos que el tinellismo no lograba juntar entre los clubes dilataron lo que anunciaban como “inminente”. 

El tiempo pasó, la Selección de Lionel Scaloni festejó en Brasil y envió oxígeno, Tapia fue validado por la IGJ y ahora esos mismos dirigentes que anunciaban su final, quieren el final pero de Tinelli en la Liga Profesional. Las traiciones y panquequismo está tan exacerbado que a veces es difícil de comprender.

Reclamos. Si la dirigencia del fútbol creyó que en marzo de 2020 –con el final de la Superliga, la creación de la Liga Profesional y la tregua y loteo de poder entre Tinelli y Tapia– habría avances en muchos de sus reclamos, el inicio de la pandemia y la interminable desconfianza entre el presidente de la AFA y el de la Liga erosionaron esa expectativa.

Los puntos eran 16, pero algunos siempre se destacaron por sobre el resto: el aumento en el canon mensual que pagan Disney (Espn/Fox) y TNT Sports es acaso el que mueve el amperímetro de los enojos y conformismos. Sin embargo, hay otros que también significan millones y tienen al Estado como partícipe: las exenciones fiscales a clubes (anuladas por el decreto 1212), los gastos en los operativos de seguridad, el valor de cambio en las transferencias en dólares al exterior y la instrumentación de las apuestas deportivas online son los otros puntos cajoneados por los cuales muchos dirigentes activaron la desestabilización de Tinelli.

El contexto de crisis sanitaria, económica y social no ayudó, algo que la dirigencia no observa en un primer plano. “Algo hay que cambiar”, dice un presidente.  Y si algunos apuntaban a principio y mediados de año a Tapia, y por eso buscaban los votos para que Tinelli –con el aval de Alberto– se mudara a la AFA, la confirmación de Tapia en el tercer piso de Viamonte 1366 hizo que la estrategia cambiara 180 grados: con el Chiqui empoderado y homologado en su cargo, el fusible ahora lo encontraron en Tinelli, debilitado por la enorme crisis económica, los resultados deportivos y la licencia que se pidió en San Lorenzo por la que fue castigado por todo el arco opositor, aliados e hinchas.

Es todo tan sinuoso, que Tinelli, mientras descansa en su chacra uruguaya de José Ignacio, denuncia un “golpe institucional” en sus redes y recibe el apoyo de Alberto Fernández y de otros espacios del Gobierno que antes lo desdeñaban. 

En simultáneo, los dirigentes intercambian mensajes en un grupo de WhatsApp creado a mediados de diciembre. El nombre de ese grupo, “Somos 15”, probablemente se modifique en breve: hay algunos clubes que se sumarían. Uno de ellos es Barracas Central, el equipo que hizo emocionar a Tapia en el palco del estadio de Racing por su reciente y discutido ascenso. “A veces los sueños se hacen realidad”, le dicen a PERFIL en ese tercer piso de Viamonte. No aludían al ascenso deportivo, sino al rol que puede tener Barracas en el futuro de Tinelli como presidente de la Liga.

Boca: una interna cada vez más visible

La embestida de 15 clubes contra Marcelo Tinelli para sacarlo de la presidencia de la Liga Profesional visibilizó, una vez más, la interna que existe en Boca entre su presidente, Jorge Amor Ameal, y su vice, Juan Román Riquelme, sintetizada en una frase que se repitió como mantra durante todo este año: “Hay un club en Ezeiza y otro en Casa Amarilla y la Bombonera”. 

Mientras que Ameal busca una alianza con River para fortalecer la posición de los dos clubes más poderosos del país, Riquelme participó el último martes de la reunión armada en el grupo de WhatsApp “Somos 15” que lidera Cristian Malaspina (Argentinos Juniors), ex aliado de Tinelli.   

Riquelme coincide en que el presidente de la Liga “está borrado” y que los reclamos de los clubes nunca se tratan o solucionan, por eso decidió asistir a ese primer encuentro, que tendrá su reunión formal el próximo 11 de enero con Tinelli en la mesa.

“Hay presidentes que llaman y dicen ‘mirá que va mi vice, pero no me representa’”, le cuenta a PERFIL un dirigente de peso, en alusión a lo que pasa en Boca y en otros clubes. 

Hasta el momento, la dirigencia de Boca no forma parte de ese grupo de 15 instituciones que pidieron la remoción del presidente de la Liga, pero antes del 11 de enero tendrá que unificar una posición ante una eventual votación.

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