El número 22, “constructor maestro”

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Arrancó el 2022. Dicen los numerólogos que el 22 es uno de los números maestros. Contiene un doble dos y es dos veces 11, otro número maestro. Y aún más: también se lo reconoce como “el constructor maestro”. Convoca, entonces, a ser constructivo

También lo fui hace exactamente dos años, cuando el entonces flamante ministro de Economía, Martín Guzmán, convocó (casi en tono desafiante) a que le presentaran propuestas para el pago de la deuda. Puso una dirección de mail y ahí fui. No tuve respuesta, y entonces expuse lo que le había escrito en mi editorial del 31/12/2019 en estas páginas.

Le decía que ese año el sector agroindustrial había liquidado 24 mil millones de dólares, y que la demanda internacional seguiría creciendo, sumando mercados y productos. Y le zampé la propuesta, que aquí reescribo tal cual:

1.- Reducir sustancialmente las retenciones. Es esencial para que el proceso recupere dinamismo. Sin ellas, la agroindustria vuela. Podría dejarse ese 3% que siempre tuvo el poroto de soja, el trigo y el maíz, pero llevar a cero las de los derivados industriales. Esto revierte con creces en la producción, porque los exportadores “se matan” por un camión de granos y terminan largando el diferencial al mercado.

2.- Sustituir la recaudación por retenciones, por un sistema que denomino “Derecho a Producir” y operaría como un ahorro forzoso. El Estado entrega bonos por el monto pagado por este Derecho a Producir (sic). Ese bono pagaría un interés mínimo y puede emitirse a diez, veinte o treinta años.

Le pongo números: 400 millones de dólares por mes, fijos e inamovibles, y no se estiran. Son 5.000 millones de dólares por año. Como la producción crecerá un 10% por año, el efecto de este derecho caerá a la mitad en menos de una década. Y así quedaría en un monto muy cercano al impuesto a las ganancias, ese 35% que implica justicia tributaria o igualdad ante la ley.

3.- Con la masa de recursos generada, se crea un fondo que se deposita mes a mes en una entidad financiera del exterior. El único destino de este fondo será cancelar la deuda con el FMI, 50 mil millones de dólares en diez años. ¿Le gustará la idea a Kristalina? Yo diría que “pior es nada”. La deuda con el FMI es solo una parte, pero un arreglo tendría enorme impacto en toda la macro.

4.- Así, el productor cobraría un 80 % en efectivo, y un 20% en bonos. Esos bonos podrían destinarse al pago de otros impuestos, como por ejemplo el IVA del fertilizante. Los fabricantes e importadores de abonos los recibirían y podrían pagar el IVA de sus importaciones”.

Volvamos a las curiosidades de la numerología. La idea central de la propuesta era “hacerse cargo”, desde el sector agroindustrial, de la deuda contraída con el FMI. Eran 44 mil millones de dólares (caprichos de la numerología: dos veces 22…)

Bueno, pasaron dos años. Algunos del sector agroindustrial consideraron que la propuesta era injusta, porque consagraba los derechos de exportación. Costó que se entienda: la idea era precisamente eliminarlos, sustituyéndolo por un “derecho a producir”, que se devolvería con un bono una vez saldada la deuda con el FMI (en diez años).

¿Qué hizo el gobierno? Consagró las retenciones por ley. En el 2021 recaudó 10 mil millones de dólares, gracias a los buenos precios internacionales. No arregló nada con el FMI, y la producción de soja (la que más tributa, uno de cada tres camiones, hundidos en el puerto) en franca decadencia.

Ya están reaccionando algunos gobernadores peronistas, como el de Córdoba, Juan Schiaretti, remarcando la captura obscena de los ingresos de sus empresarios por parte del gobierno nacional a través de las retenciones. Ojalá que la potestad lograda la semana pasada respecto al aumento de impuestos en las provincias tenga como contrapartida la pelea por la eliminación de los derechos de exportación. Es la gran tarea para el 2022.

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