Cómo siguió la vida de Diego Molina, el empleado de la funeraria que se fotografió con el cuerpo de Maradona

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Eran las horas más tristes de la historia del fútbol. No existía un solo medio del mundo que no lo había contado: “Diego Armando Maradona acaba de morir”. Su cuerpo estaba en la casa de sepelios Pinier, de La Paternal. Diego “Oso” Molina fue una especie de “afortunado del día”. En la mañana del 27 de noviembre, como la mayoría de sus mañanas, dejó el conventillo de Villa General Mitre en el que vivía, y caminó hasta su lugar de trabajo. Lo distinto, y que lo convertiría en afortunado, es la persona a la que había que velar: Diego Armando Maradona.

Mientras el mundo lloraba al 10, Diego lo miraba. Más que nada observaba las piernas del Diego. “Pensar que esas piernas hicieron feliz a todo un país”, reflexionó. Y pensó en aprovechar ese momento, que jamás olvidaría. Un compañero tomó su celular, Diego posó y la foto quedó en su teléfono. Según su versión, la que explica cada vez que lo frenan en su barrio, solo se la habría enviado a su madre y a su hermana. Y su hermana la compartió con alguien por Facebook. Hasta allí le pudo seguir el rastro a la foto.

Minutos después, la placa se viralizaría a nivel mundial. El otro Diego, “el Oso”, el del conventillo, pasó a ser uno de los hombres más odiados de la Argentina. Su identidad, su teléfono y su dirección se conocieron rápidamente por las redes sociales. Lo amenazaron por teléfono, lo insultaron en redes sociales, se grabaron audios en los que aseguraban que había barrabravas que lo estaban yendo a buscar, dispuestos a matarlo.   

La llegada de los restos Diego Armando Maradona a la casa velatoria en La Paternal. Adentro del coche fúnebre se ve a Diego Molina, el empleado funeraria que tomó fotos con cuerpo. Foto: Fernando de la Orden

En un principio pensé en una foto solo con sus piernas“, es el argumento que repite cada vez que sale el tema. “Y después, la costumbre me jugó en contra. Un poco por los nervios y lo mal que estaba por su muerte, me salió levantar el dedo pulgar, como en la mayoría de las fotos que me sacaba. La sacaron de contexto. Nunca me burlé de Maradona. Levanté el dedo sin pensar…”. Diego se la pasa repitiendo su versión, cada vez que regresa al barrio. Porque aquel 27 de noviembre, 48 horas después de la muerte de Maradona, se tuvo que mudar.

Hallan el cuerpo sin vida del empleado de la funeraria que se fotografió con Diego Maradona y posteriormente fue despedido“, es el tweet que se difundió en aquellos días. Se llegó a publicar que su cuerpo había aparecido en un contenedor de basura, que los capos de la 12 irían a matarlo; que los de Gimnasia de La Plata, también. Lo único concreto fueron un par de visitas de dos o tres hinchas de Argentinos Juniors. Se presentaron en la puerta del conventillo de Andrés Lamas y San Blas y preguntaron por él. Querían golpearlo, pero tuvo suerte: no lo encontraron. 

Claudio Fernández (der.) junto a su hijo Ismael, también se fotografiaron con el cuerpo de Diego.

Se dijo que era la barra de Argentinos Juniors y nada que ver. Iba muy poco a la cancha, muy cada tanto“, explica un vecino que lo conoció. De todas formas, aquella semana de noviembre de 2020, el club emitió un comunicado en el que informó que Molina había sido expulsado como socio de la institución. Lo mismo ocurrió en su trabajo. La cochería difundió su despido y el de Claudio e Ismael Fernández (padre e hijo), otros empleados que también se tomaron fotos junto al cuerpo. Molina había comenzado en el rubro de los sepelios hace aproximadamente 20 años. Varios de sus vecinos del conventillo (en total serían cerca de 30 familias las que viven) se dedican a lo mismo. Algunos son empleados fijos de cocherías del barrio y otros solo son convocados cuando hay velatorios. Comenzó uno y fue convocando al resto.           

Hay quienes afirman que Molina estaría viviendo en la localidad de Ezeiza. Otros, cuentan que se mudó a una casa cercana al estadio de Argentinos Juniors. Diego evita decir dónde vive, pero lo cierto es que no se fue del barrio. La foto que se sacó con el cuerpo de Maradona le cayó como una maldición. Desde entonces, le cuesta mucho conseguir trabajo. Cambió su teléfono y cerró sus redes sociales. Por estos días no sería raro encontrarlo por La Paternal y Villa General Mitre, aunque no volvió al conventillo. Los vecinos consultados por Clarín coinciden en algo: “es bonachón, grandote,’un poco boludo’. Lo que hizo, lo hizo de boludo, no de malo“.

Según se pudo saber en las horas posteriores a la muerte de Maradona, Molina tendría al menos dos causas policiales. Una por violencia de género, de 2020. Otra por usurpación. Por la último, habría estado detenido en una cárcel federal. Ahora está imputado por Profanación de cadáver. Como querellantes están una hermana de Maradona y Matías Morla, su abogado. Según el código penal “será reprimido con prisión de uno a cinco años el que, faltando el debido respeto, honor y memoria de los difuntos, sustrajera, profanare o ultrajare el cadáver de una persona, sus restos o sus cenizas”.        

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